«Me apasiona la posibilidad de hacer de una idea una realidad»
Marjorie Nétange es directora de desarrollo de la Escuela Superior Reina Sofía. Graduada de HEC Business School y Máster en Sciences-Po París, trabajó durante 10 años en grandes empresas internacionales en París y en Madrid en el sector inmobiliario, con cargos en las direcciones de Estrategia corporativa y de Desarrollo de proyectos.
Motivada por su pasión por las artes y la música, pensó que podía aplicar sus conocimientos a este sector y dando un giro a su carrera en 2015 fundó la consultora Arte y Empresa, dedicada al desarrollo del mecenazgo y patrocinio cultural. En 2016 se incorporó a la Fundación Albéniz, una de las principales instituciones culturales en España, como Directora de Desarrollo, un proyecto en constante crecimiento con el que se siente profundamente comprometida.
– Te formaste en administración de empresas en la escuela de negocios HEC de París y estudiaste un Máster en Sciences-Po París. Dentro del mundo de los negocios, ¿cuáles eran los aspectos que más te interesaban?
Algo que me apasiona es la posibilidad de hacer de una idea una realidad. Es la base del negocio: diseñar un producto para que se llegue a producir, elaborar una campaña de marketing para captar clientes, crear una empresa. Me parece maravilloso que algo que sale de una intuición, de un análisis de mercado, de una reunión de brainstorming creativo, se convierta en un proyecto real. Es lo que aprendí a hacer en la escuela de negocios y en mi Máster me especialicé en Urbanismo porque la idea de “fabricar la ciudad” me fascinaba: me parecía un lujo, desde la gestión de proyectos de desarrollo urbanístico, poder contribuir a un reto tan grande como el futuro de las ciudades y, de forma muy directa, de las personas que las habitan.
-Trabajaste 10 años en grandes empresas internacionales en París y en Madrid en el sector inmobiliario, con cargos en las direcciones de Estrategia corporativa y de Desarrollo de proyectos. ¿Qué aprendiste en esta etapa?
Aprendí la visión a largo plazo. Los grandes proyectos inmobiliarios llevan décadas en desarrollarse. De hecho, el principal programa en el que trabajé en París, entre los años 2008 y 2012, está a punto de inaugurarse ahora, en 2026: hicieron falta más de quince años para construir la torre Triangle por los arquitectos Herzog y de Meuron, en el centro de París. Aprendí también el trabajo multidisciplinar y el difícil equilibrio que puede requerir integrar distintos objetivos en un mismo proyecto: buscar el arbitraje justo entre la calidad arquitectónica, la ambición programática y la rentabilidad económica. Me encantan los proyectos complejos, en los que cada uno, desde su expertise, aporta un conocimiento y un criterio, y en los que hay que encontrar este punto perfecto de equilibrio.
«Aprendí también el trabajo multidisciplinar y el difícil equilibrio que puede requerir integrar distintos objetivos en un mismo proyecto: buscar el arbitraje justo entre la calidad arquitectónica, la ambición programática y la rentabilidad económica».
«Me encantan los proyectos complejos, en los que cada uno, desde su expertise, aporta un conocimiento y un criterio, y en los que hay que encontrar este punto perfecto de equilibrio».
– ¿Cómo fue tu traslado a España? ¿por qué elegiste España y qué supuso para ti personal y profesionalmente?
París es una ciudad maravillosa, de la que disfruté muchísimo, pero en determinadas etapas de la vida, en particular en familia, tiene sus limitaciones. Así que cuando nació mi primera hija, provoqué una oportunidad profesional en Madrid, con el fin principal de mejorar mi calidad de vida personal. ¡Catorce años después, y con mis otros dos hijos, nacidos ya en España, sigo aquí, lo que muestra que fue una buena decisión! España es un país del que admiro mucho la forma de vivir, de convivir entre generaciones y de compartir.
– En 2015 fundaste una consultora dedicada al desarrollo del mecenazgo y patrocinio cultural. ¿Cómo fue este cambio del mundo empresarial inmobiliario al sector cultural? ¿En la práctica existen muchas diferencias?
Desde siempre he sido una apasionada del arte, del teatro, de la danza, de la música. Disfruto mucho de todas las experiencias culturales, de las más clásicas a las más contemporáneas y alternativas. Un día, por intuición, pensé que podía poner mi formación y experiencia en el mundo corporativo al servicio del sector cultural, y me atreví a dar este giro en mi vida profesional. La cultura no puede vivir solo con artistas y creadores, es un sector económico como cualquier otro, que genera empleo, contribución al PIB, crecimiento, innovación, y por eso requiere una gestión profesional y estoy feliz de poder contribuir a ella. Sigo haciendo lo que he hecho siempre – crear, impulsar proyectos, generar alianzas – pero aplicado a un sector que me mueve profundamente y que considero fundamental en la sociedad.
«Desde siempre he sido una apasionada del arte, del teatro, de la danza, de la música. Disfruto mucho de todas las experiencias culturales, de las más clásicas a las más contemporáneas y alternativas».
«Un día, por intuición, pensé que podía poner mi formación y experiencia en el mundo corporativo al servicio del sector cultural, y me atreví a dar este giro en mi vida profesional».
– Desde 2016 trabajas en la Escuela Superior de Música Reina Sofía (Fundación Albéniz) como Directora de Desarrollo. ¿Cómo fue para ti comenzar a trabajar en esta institución?
La actividad de consultoría me sirvió de año de transición antes de dedicarme a un proyecto concreto, incorporándome al equipo de la Escuela Superior de Música Reina Sofía. Es una institución única en España, un proyecto cultural, educativo y social con dos grandes misiones: la formación de jóvenes músicos profesionales de gran talento, que tienen la oportunidad de estudiar con matrícula gratuita; y la difusión de la música en la sociedad, con el impacto positivo que tiene en las personas. Es un proyecto muy profundo y completo, del que se enamora cualquier persona que lo descubre, y con el que me sentí muy comprometida desde el primer día. Disfruto mucho de la oportunidad de estar en contacto directo, cada día, en la sede de la Escuela, con los alumnos, el público de los conciertos, y los otros beneficiarios de nuestros programas, y ver el impacto positivo que tenemos en sus vidas.
«La Escuela Superior de Música Reina Sofía es un proyecto muy profundo y completo, del que se enamora cualquier persona que lo descubre, y con el que me sentí muy comprometida desde el primer día».
«Disfruto mucho de la oportunidad de estar en contacto directo, cada día, en la sede de la Escuela, con los alumnos, el público de los conciertos, y los otros beneficiarios de nuestros programas, y ver el impacto positivo que tenemos en sus vidas».
– ¿De qué manera la Escuela Superior de Música Reina Sofía plantea su financiación y cuáles son sus objetivos?
El modelo de financiación de la Escuela Reina Sofía es también lo que la hace única: somos una fundación privada, sin ánimo de lucro, y el 70% de nuestra financiación proviene de aportaciones de empresas, fundaciones y donantes particulares, lo que está muy por encima de la media de las instituciones culturales. Un 20% del presupuesto viene de las ayudas de la administración pública, por lo que es un buen ejemplo de un modelo de colaboración público-privada. La Escuela nació hace 35 años con este foco puesto en el patrocinio y el mecenazgo, como forma de financiar un programa que, de forma estructural, genera pocos ingresos directos, ya que los alumnos están 100% becados y que la gran mayoría de los conciertos son gratuitos, para cumplir con nuestra misión social. Tener el patrocinio y el mecenazgo en el ADN de la institución, desde su creación, nos ha permitido desarrollar un modelo muy sólido y sofisticado de colaboraciones con las empresas, fundaciones y donantes que nos acompañan como “compañeros de viaje”. Desarrollamos también programas muy potentes en empresas, con nuestro aliado MusicalThinkers, para trabajar la cohesión de equipo, el liderazgo, los valores corporativos y el employee engagement, a través de la música.
– ¿Cómo es la selección de alumnos en la Escuela y qué perfil se busca, sabiendo que todos disfrutan de becas completas para sus estudios?
Cada año tenemos unos 170 alumnos, de 35-40 nacionalidades distintas. El único criterio de selección es el talento y el potencial artístico. Se evalúa a través de un proceso de audiciones, que es muy selectivo: la tasa de admisión suele ser del 8%. El hecho de ofrecer la matrícula gratuita a todos nos permite garantizar esta igualdad de oportunidades y dar a los jóvenes el acceso a una formación de muy alto nivel, que los prepara para sus futuras carreras artísticas.
«Cada año tenemos unos 170 alumnos, de 35-40 nacionalidades distintas. El único criterio de selección es el talento y el potencial artístico».






«El hecho de ofrecer la matrícula gratuita a todos nos permite garantizar esta igualdad de oportunidades y dar a los jóvenes el acceso a una formación de muy alto nivel, que los prepara para sus futuras carreras artísticas».
– ¿Cómo fomenta la Escuela Superior de Música Reina Sofía la empleabilidad de los alumnos?
La empleabilidad es nuestra prioridad: formamos a jóvenes músicos con el objetivo de que puedan trabajar y vivir de la música. La tasa de empleo en la música entre nuestros antiguos alumnos es del 92%, lo que es una estadística muy alta en un sector tan precario y competitivo como el de la música clásica. En la Escuela, además de formar a nuestros alumnos como grandes intérpretes, fomentamos su desarrollo holístico, a través de una formación integral. A través de la asignatura Artist development y del Programa de Emprendimiento e Innovación Musical, tienen la oportunidad de desarrollar otras habilidades, de reflexionar sobre su identidad como artista, y de concienciarse sobre el rol que pueden desempeñar en la sociedad como músico. Una vez graduados, seguimos acompañándolos en el marco de nuestro Programa de Alumni y del área de Life-long learning.
Más allá de los alumnos que forma, la Escuela Reina Sofía desarrolla también proyectos sociales, ¿quiénes son los beneficiarios? creemos mucho en el poder de la música para ayudar a las personas, en su desarrollo personal, en su bienestar y salud mental, y en la cohesión de la sociedad. La música es universal, no tiene barreras de idioma, genera emociones, y puede llegar a todo tipo de públicos. Además de producir 350 conciertos al año, mayoritariamente gratuitos, colaboramos con escolares, con residencias de mayores y con distintos colectivos vulnerables, para acercarles la música. Este año, hemos dado un paso más con una alianza con el proyecto educativo-social DaLaNota, que trabaja con niños y jóvenes de entornos vulnerables. Es un programa integral que aporta práctica instrumental, formación orquestal, apoyo escolar y asistencia psicosocial, y es una fantástica prueba de cómo la música puede contribuir a transformar la vida de las personas.
«La empleabilidad es nuestra prioridad: formamos a jóvenes músicos con el objetivo de que puedan trabajar y vivir de la música».

«La tasa de empleo en la música entre nuestros antiguos alumnos es del 92%, lo que es una estadística muy alta en un sector tan precario y competitivo como el de la música clásica».
– Recientemente has impartido un taller sobre financiación de proyectos culturales para autónomos y pymes en Infinito Delicias en Madrid, ¿qué problemas habituales se encuentran los emprendedores del sector cultural a la hora de acceder a ayudas y qué consejos sueles darles?
Me interesa muchísimo el tema de la financiación en el sector cultural porque es la primera limitación para que salgan adelante propuestas e ideas creativas de artistas, gestores culturales y emprendedores. La cultura es un sector muy fragmentado, la mayoría de las iniciativas provienen de autónomos y de pymes, que en general no tienen la capacidad de integrar en sus equipos a perfiles dedicados a la captación de fondos. Mi consejo es siempre considerar la búsqueda de financiación como una prioridad estratégica a todos los niveles de la organización, y a veces arriesgarse a dedicarle recursos, porque en general el tiempo invertido en este esfuerzo es lo que permitirá la viabilidad y sostenibilidad económica necesaria al crecimiento del proyecto.

– ¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo y cuáles son las partes más difíciles?
Me encanta el trabajo en equipo, estar rodeada de personas con trayectorias muy variadas y sentir que todos nos complementamos, bajo el liderazgo profesional e inspirador de Julia Sánchez, CEO de la Escuela desde hace doce años, que ha sabido reunir un equipo de grandísimo nivel. Me alegra participar en un proyecto asentado en valores como la excelencia, la inclusión y la innovación y que busca fomentar una cultura organizativa en la que los equipos tienen la oportunidad de participar activamente y de desarrollarse en confianza. La parte más difícil viene quizá también justo de esto mismo, de esta diversidad de perfiles en el equipo, y de las tensiones que puede generar entre distintas visiones, pero al mismo tiempo me parece que es el reto más interesante y satisfactorio, saber alinearnos hacia un propósito común.
– ¿De qué te sientes más orgullosa en este momento?
La Escuela Reina Sofía está en un momento muy interesante de crecimiento con la expansión a un nuevo edificio cedido por el Ministerio de Cultura, con la internacionalización de nuestra actividad en particular en América Latina, y con la apertura y conexión con cada vez más públicos, más instituciones y más entidades colaboradoras. Creo que la Escuela está ganando cada vez más presencia y relevancia, contribuyendo de forma transversal al sector cultural, mientras conecta con el mundo corporativo y con los grandes retos de la sociedad. En el contexto de una sociedad cada vez más digitalizada y polarizada, y con la irrupción de la inteligencia artificial, confío en que las artes y las humanidades puedan desempeñar un papel más importante que nunca. Pueden aportar al ser humano equilibrio, bienestar, pensamiento crítico y sentimiento de pertenencia. Es un orgullo formar parte de un proyecto que tiene tantas perspectivas.
«En el contexto de una sociedad cada vez más digitalizada y polarizada, y con la irrupción de la inteligencia artificial, confío en que las artes y las humanidades puedan desempeñar un papel más importante que nunca. Pueden aportar al ser humano equilibrio, bienestar, pensamiento crítico y sentimiento de pertenencia».
«Es un orgullo formar parte de un proyecto que tiene tantas perspectivas».
– ¿Cómo es tu tiempo cuando no trabajas?
En mi tiempo de trabajo, voy a muchos conciertos… de música clásica, y en mi tiempo libre, voy a muchos conciertos… de jazz, rock indie, pop, eléctro, músicas del mundo, reggaetón. ¡Ir al concierto de Bad Bunny y al día siguiente al concierto de nuestra orquesta sinfónica me parece lo más natural del mundo! Disfruto mucho de la música en directo y me encanta compartir estos momentos con mi familia y amigos.
– Un deseo que te gustaría se hiciera realidad.
Que ningún talento se quede sin florecer por falta de oportunidad, y que quienes se dedican al arte puedan vivir de él con dignidad.
«Que ningún talento se quede sin florecer por falta de oportunidad, y que quienes se dedican al arte puedan vivir de él con dignidad».
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