Miguel Ángel Hernández – Escritor, Profesor de Historia del Arte, Crítico y Comisario

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«Tratamos constantemente de sincronizarnos. Con los demás y con nosotros mismos. Estamos siempre fuera de tiempo»

 

Miguel Ángel Hernández es escritor, profesor de Historia del Arte en la Universidad de Murcia, crítico y comisario. Ha sido director del CENDEAC, investigador de arte contemporáneo en The Clark Art Institute (Williamstown, Massachusetts) y en la Society Fellow de la Society for the Humanities (Cornell University).

La publicación de sus libros en la Editorial Anagrama -y especialmente su obra El dolor de los demás–  supone un antes y un después en su trayectoria como escritor de ficción, y sus títulos ya pueden encontrarse junto a obras de autores como Paul Auster, Enrique Vila-Matas, Siri Hustvedt o Roberto Bolaño.

Su vida profesional se alterna entre la docencia, la investigación y la creación literaria, siendo el tiempo el hilo que conecta sus investigaciones sobre Estética y su obra como novelista.

 

– Eres Historiador del Arte ¿en qué momento y por qué te interesaste por el mundo del arte?

Me interesó el arte desde bien pequeño, aunque no el arte contemporáneo. Mi hermano mayor es imaginero y mi casa estaba llena de esculturas de cristos, santos y vírgenes. Casi que conviví con ese paisaje visual barroco. Cuando entré en la carrera, sin embargo, rápidamente comenzó a interesarme el arte del presente (tal vez porque lo que realmente me interesaba era el presente, intentar comprender el mundo en el que vivía).

 

– Permaneciste una temporada en Estados Unidos como Research Fellow en The Clark ¿cómo fue tu vida allí y qué recuerdas esta experiencia?

El semestre que pasé en el Clark lo recuerdo como una de las experiencias más hermosas y productivas de mi vida. Sin duda, fue el tiempo en el que más leí y trabajé. Cuatro meses, en silencio, sin distracciones, centrado en la investigación y la escritura, en una oficina perfecta y una casa de ensueño. Me marcó tanto esa experiencia que mi novela El instante de peligro es muy deudora del tiempo que pasé allí, perdido en los bosques de Nueva Inglaterra, rodeado de nieve, libros y calma.

 

– Has sido director del CENDEAC – Centro de Documentación y Estudios Avanzados de Arte Contemporáneo ¿cómo fue trabajar en este centro y qué significó para ti esta etapa?

Ese periodo también lo entiendo como esencial en mi vida profesional. Tuve la oportunidad de conocer de primera mano la obra de grandes artistas, pensadores e historiadores del arte, charlar con ellos y compartir experiencias. Fue un periodo muy intenso que, sin embargo, decidí cerrar porque hubo un momento en el que me consumía todo el tiempo disponible. Comidas y cenas fuera constantemente, decisiones que no siempre gustan a todo el mundo… la gestión está bien para un tiempo, pero puede acabar contigo. En mi caso, lo que yo quería hacer era investigar y escribir, y, después de unos años, comencé a sentir que todo el tiempo que dedicaba a la gestión era tiempo perdido de escritura. Está bien conocer a Judith Butler y cenar con Žižek, pero llega un momento en el que lo único que quieres es leer y estar en casa con tu pareja por las noches. Fue, como digo, importante para mí. Pero no volvería a la gestión por nada del mundo. Ya he cumplido.

 

«la gestión está bien para un tiempo, pero puede acabar contigo»

 

Miguel Angel Hernandez. Escritor, Investigador y Profesor. Foto: Berta Delgado. YANMAG

«llega un momento en el que lo único que quieres es leer y estar en casa con tu pareja por las noches»

 

 

– Desde 2013 colaboras con el equipo curatorial 1er Escalón ¿con qué intención nació este equipo y qué te llevó a colaborar con él?

Entré a formar parte del grupo cuando falleció Pablo Lag, que junto a Isabel Durante y Ana García Alarcón habían creado el grupo. Me incorporé entre otras cosas porque era una manera de compartir el trabajo de comisario, algo que no me apasiona especialmente, sobre todo por la gestión que hay detrás. Los tres, sin embargo, formamos un equipo equilibrado y el trabajo se hace más llevadero. De todos modos, hacemos realmente lo que nos gusta. Trabajamos en una línea muy identificable, con temas y artistas que se ajustan a nuestra visión del arte, sutil, filosófico, preciso, más allá del espectáculo y el mercado.

 

– De los artistas visuales con los que has colaborado ¿quién te ha sorprendido más?

Son muchos de los que he aprendido. Si tuviera que quedarme sólo con uno, creo que diría Javier Pérez, con quien acabo de terminar un libro de artista que está a punto de ver la luz. Él fue uno de los primeros que creyó en mi escritura y me encargó un texto para una gran exposición en la Carrè d’Art de Nimes. Fue la primera vez que incluí un texto narrativo en un catálogo. Su obra tiene una potencia visual tremenda, y uno intuye una verdad detrás de ella. Es, en el mejor de los sentidos del término, bella.

 

– Escribes ensayos sobre arte contemporáneo y estudios visuales, pero también y sobre todo eres un escritor de ficción ¿consideras que vives una doble vida o están relacionadas entre ellas?

Es una vida doble y a la vez profundamente conectada. Doble, porque sí que es cierto que el modo de escribir ensayo, crítica o ficción es radicalmente diferente, tanto en las formas como en los lectores potenciales. Pero, por otro lado, los temas que aparecen en mis escritos están profundamente relacionados. Mi ficción bebe de mis investigaciones sobre arte y cultura. E incluso podría decir que, al revés, también lo que escribo sobre arte va poco a poco contaminándose de mi forma de escribir literatura. Curiosamente, escribí ficción casi al mismo tiempo que ensayo. Mi primer relato y mi primer artículo de crítica de arte casi que surgen por la misma época, allá por 2002. Y es posible que en ese principio sí que fuesen –o tratasen de ser– vidas diferentes y desconectadas, pero poco a poco comienzan a confundirse y entremezclarse, tanto los temas y obsesiones como los modos de escritura.

 

 

«Mi ficción bebe de mis investigaciones sobre arte y cultura»

 

Miguel Angel Hernandez. Escritor, Investigador y Profesor. Foto: Berta Delgado. YANMAG

 

«poco a poco comienzan a confundirse y entremezclarse, tanto los temas y obsesiones como los modos de escritura»

 

 

– ¿Qué te llevó a comenzar a escribir ficción y cómo es tu proceso de trabajo al escribir novela?

Como digo, comencé a escribir al mismo tiempo narrativa y ensayo. En el ámbito de la ficción, primero comencé a escribir cuentos y, algo más tarde, me animé con la novela. El proceso de escritura es diferente. En cuanto a la planificación, un cuento se parece más a un artículo y una novela a una tesis o un libro de ensayo, que requiere un proceso de trabajo mucho más sostenido y paciente, y sobre todo (al menos en mi caso), mucha planificación. Yo soy escritor “de mapa”, que necesita tener un esquema y un itinerario de lo que va a escribir. Eso se aplica a la narrativa y al ensayo. Planifico el desarrollo de los argumentos, los capítulos, los giros… Por eso trabajo muchísimo antes de comenzar a escribir: esbozos, tarjetas, ideas… todo un proceso de pensamiento hasta que aparece lo que para mí es esencial: la estructura, el orden de lo que voy a escribir. Aunque luego no lo respete, lo necesito tener en mi cabeza antes de comenzar a caminar. El mapa del camino. Luego llega el tono, lo literario, lo que surge cuando escribo, pero sin la estructura, sin los cimientos, el edificio se me cae.

 

– ¿Cómo te sientes cuando escribes y en qué momento del día lo haces?

Depende del momento de escritura en el que estoy, mis sensaciones son distintas. Me gusta mucho el instante de la planificación, cuando pienso en la historia, cuando estoy creándola y aparecen los personajes, las ideas. Después, me produce menos satisfacción el proceso de la escritura en sí, cuando tengo que luchar con las ideas que tengo en la cabeza y convertirlas en palabras y frases. Me cuesta mucho esa parte. Es como dibujar en el aire. Y luego vuelvo a disfrutar muchísimo con la corrección, o con la escritura que de nuevo requiere el proceso de manipular lo ya escrituro, cortar, pegar, transformar, mover de sitio, ampliar, reducir… Es la parte que más me gusta, cuando ya está todo ahí y tienes que afinarlo para que suene de la mejor manera.

 

 

«Me gusta mucho el instante de la planificación, cuando pienso en la historia, cuando estoy creándola y aparecen los personajes, las ideas»

 

Miguel Angel Hernandez. Escritor, Investigador y Profesor. Foto: Berta Delgado. YANMAG

«Y luego vuelvo a disfrutar muchísimo con la corrección, o con la escritura que de nuevo requiere el proceso de manipular lo ya escrituro, cortar, pegar, transformar, mover de sitio, ampliar, reducir»

 

 

– ¿Qué supuso para ti publicar en la Editorial Anagrama?

Sin lugar a duda, un antes y un después. Recuerdo aún la llamada del editor Jorge Herralde. La tengo enmarcada en mi memoria como uno de los días más importantes de mi vida como escritor. Anagrama es la editorial con la que he crecido como lector. Ahí he leído a muchos de los autores que han configurado mi universo literario: Paul Auster, Enrique Vila-Matas, Siri Hustvedt, Roberto Bolaño, Michel Houellebecq… Ver mis libros en ese contexto fue una especie de sueño cumplido. Antes de Intento de escapada había publicado bastante –libros de cuentos, ensayos, poemas…–, pero el salto a Anagrama –y en cierto modo, también, el salto a la novela– fue el espaldarazo fundamental para creerme que lo de escribir iba en serio. Por eso digo, un antes y un después.

 

 

– Tu novela El dolor de los demás (Editorial Anagrama 2018) parte de dos hechos trágicos reales -un asesinato y un suicidio- que ocurrieron a tu mejor amigo ¿por qué decidiste abordar este tema y qué implicaciones éticas tuvo para ti?

Es mi tercera novela y relata una historia que yo había guardado desde el principio en mi memoria. Una historia difícil que no sabía cómo abordar ni técnica ni afectivamente. Una historia cercana –el hecho terrible que sucedió en mi adolescencia– que necesitaba una cierta distancia para ser contada. Veinte años después. El libro plantea precisamente dos preguntas que se dan la mano, una técnica y otra ética. En primer lugar, se interroga por la forma, por cómo escribir esa historia. Es la parte metaliteraria, el proceso de escritura como protagonista de la propia historia. Y en segundo lugar, la pregunta por la ética: ¿qué supone contar la historia? ¿A quién afecta? ¿A quién pertenecen las vidas de los otros? ¿Qué legitimidad tenemos para contar?… Esa tensión ética para mí es lo fundamental del libro –más allá, claro, del recuento del pasado y el retorno al origen–. Y, por supuesto, no se responde del todo. Porque la novela, como dice Cercas, no es el arte de dar respuestas sino de formular preguntas, la posibilidad de nombrar aquello que no tiene forma definida, el punto ciego.

 

 

«se interroga por la forma, por cómo escribir esa historia. Es la parte metaliteraria, el proceso de escritura como protagonista de la propia historia»

 

Miguel Angel Hernandez. Escritor, Investigador y Profesor. Foto: Berta Delgado. YANMAG

 

«la pregunta por la ética: ¿qué supone contar la historia? ¿A quién afecta? ¿A quién pertenecen las vidas de los otros? ¿Qué legitimidad tenemos para contar?»

 

 

Miguel Angel Hernandez. Escritor, Profesor de Historia del Arte, Critico, Comisario.

 

– Recientemente has publicado El don de la siesta (Editorial Anagrama 2020), un libro que está recibiendo una gran acogida ¿la siesta es un descanso revolucionario?

Este es un librito feliz y menos complejo. De algún modo quería descansar de dos libros. Primero, de la intensidad emocional de El dolor de los demás. Y, segundo, de la aridez casi académica de El arte a contratiempo, un ensayo sobre el arte contemporáneo que apareció apenas un mes antes que El don de la siesta. El librito es un descanso, pero al mismo tiempo es la cara B de esos dos libros. Habla de la memoria, el pasado, la casa, los coletazos de escribir sobre los otros –que vienen directamente de El dolor de los demás– y sobre los modos que tenemos de experimentar y habitar el tiempo en el presente –una reflexión que emerge de El arte a contratiempo–. La tesis, enunciada rápidamente, es que la siesta es una de esas estrategias –como algunas formas de arte que analizo en el ensayo más sesudo– para frenar el tiempo capitalizado que nos devora. La siesta como un arte de la interrupción.

 

 

– ¿Por qué el tiempo es un tema que aparece constantemente en tus escritos?

No lo he pensado. Es una obsesión que está presente en todo lo que escribo. El tiempo también en tanto que algo que pasa y se escapa, el pasado, la memoria, la historia, la duración. Tal vez tenga que ver con que una inquietud interior: la sensación de que nunca llegamos a tiempo a nada. Demasiado pronto o demasiado tarde. El deseo y el lamento. El querer llegar a un sitio en el que no estamos o el querer regresar a un origen que hemos perdido. Tratamos constantemente de sincronizarnos. Con los demás y con nosotros mismos. Estamos siempre fuera de tiempo.

 

 

«Tal vez tenga que ver con que una inquietud interior: la sensación de que nunca llegamos a tiempo a nada. Demasiado pronto o demasiado tarde. El deseo y el lamento»

 

Miguel Angel Hernandez. Escritor, Investigador y Profesor. Foto: Berta Delgado. YANMAG

«El querer llegar a un sitio en el que no estamos o el querer regresar a un origen que hemos perdido. Tratamos constantemente de sincronizarnos. Con los demás y con nosotros mismos. Estamos siempre fuera de tiempo»

 

 

– Una vez se han publicado tus libros, ¿qué sensaciones tienes sobre ellos cuando vuelven a ti en forma de comentarios de los lectores?

Se suele decir que cuando el libro se publica, deja de pertenecer al autor. Y en cierto modo es así. Ya no puedes hacer nada por él, pero eso no es óbice para que no te preocupe su “bienestar”. Al principio, sobre todo las primeras semanas, uno está muy inquieto. Espera reacciones, lecturas, feedback necesario. Creo que le pasa a todo el mundo. Por muy seguro que esté de lo que ha escrito. Se escribe para ser leído, así que ese momento es tremendamente importante. Las primeras críticas, los primeros mensajes… Luego esa atención se relaja, pero nunca se va del todo. Yo siempre miro de reojo a lo que dicen los lectores. Ya sea en Babelia, en Goodreads o Instagram. Y, claro, no siempre la sensación en positiva. Cuantos más lectores tienes, también más lecturas negativas te encuentras. Por ejemplo, el libro que más ha llegado a los lectores, El dolor de los demás, también es el que más gente he visto odiar. Tienes que asumir que hay gente a la que no le gustará lo que haces. Cuesta, pero se puede.

 

 

– ¿De qué libro de los que has escrito te sientes más orgulloso hasta el momento?

Creo que El dolor de los demás es mi mejor libro, el más maduro, tanto en la formulación como en la escritura. Aunque creo que es El instante de peligro al libro que le tengo más cariño, el más íntimo y también el que menos ha llegado a conectar con los lectores. Quizá por eso me gusta tanto, porque es el que noto más desamparado. Una curiosidad: durante un tiempo le tomé manía a Intento de escapada, mi primera novela. Funcionó muy bien, se tradujo bastante y gustó a los lectores. Cuando publiqué El instante de peligro, que yo creía que era mucho mejor y sin embargo funcionaba peor, comencé mirarla mal. Sólo ahora, después de El dolor de los demás, me he reconciliado con ella y he entendido por qué funcionó bien, a pesar de ser una primera novela.

 

 

Miguel Angel Hernandez. Escritor, Investigador y Profesor. Foto: Berta Delgado. YANMAG

«El dolor de los demás es mi mejor libro, el más maduro, tanto en la formulación como en la escritura»

 

– Tus libros ya han sido traducidos a varios idiomas ¿qué impresión te da leer tus palabras en otras lenguas?

Sobre todo Intento de escapada, que es, como decía, la que más gustó fuera. La traducción es un subidón grande. Reconozco que cuando vi la versión francesa en Les éditions du Seuil se me saltaron las lágrimas. También era algo muy importante. Me hizo una ilusión especial. Leí algunas páginas, en francés, inglés e italiano, para ver cómo sonaba la cosa (el alemán desistí) y era extraño y placentero, como si una historia que había estado tanto tiempo dentro de mí hubiera sido escrita por otro. Una sensación de extrañamiento con lo propio. Pero muy gozosa.

 

Miguel Angel Hernandez. Escritor, Profesor de Historia del Arte, Critico, Comisario.

 

– Escribes el diario Tiempo por venir en el periódico La Verdad donde se ve el transcurso de tu vida ¿cómo te sientes al escribirlo?

Creo que tiene que ver con la pulsión de narrar el presente. Llevo ya varios años relatando mi vida y mi relación con los libros y la escritura. Para mí es sobre todo una especie de laboratorio literario, un cuaderno de ideas y acontecimientos que rodean al proyecto literario en el que siempre estoy metido. Algo parecido al making of de la novela, pero también el lugar en el que está todo aquello que no tiene cabida en ese proyecto (sea novela o ensayo). Una particularidad de estos diarios es que son públicos y que se publican “en tiempo real”. Eso hace que estén muy apegados a la realidad, a lo anecdótico a veces, y también, lo confieso, que tenga que modular mucho la voz para callarme algunas cosas que diría o escribiría si se publicasen en un tiempo futuro en el que todo ya prácticamente ha prescrito.

 

 

Miguel Angel Hernandez. Escritor, Profesor de Historia del Arte, Critico, Comisario.

 

– ¿Qué proyectos te gustaría realizar en el futuro?

Un diario privado, ya alejado de los focos. Una crónica de los días aún más sincera y sin ningún tapujo. Más libre y también menos encorsetado por el formato (la medida de las palabras) y los deadline (entregar todos los viernes). En cuanto acabe Tiempo por venir, al que le quedan (según lo acordado) 15 entregas, descansaré un poco y comenzaré ese proyecto.
Y luego me gustaría mucho probarme en lo audiovisual. Soy fanático de las series y me ilusiona ponerme con algún guion o proyecto de serie. No tengo la menor idea de cómo hacerlo, pero me apetece mucho.

 

– ¿Qué consejo darías a una persona que quiere adentrarse en la escritura y publicar profesionalmente?

Creo que el consejo esencial es que disfrute con lo que hace. Es lo más importante. Esto no da de comer (al menos la mayoría de las veces), así que al menos tiene que dar de vivir, debe alimentarnos emocionalmente. Así que la clave es siempre disfrutar. Y después, si uno cree en lo que hace, el otro consejo clave es paciencia y perseverancia. Las cosas no salen nunca a la primera, ni de la noche a la mañana. Se requiere trabajo, dedicación y paciencia. La escritura se cocina fuego lento. Es una carrera de fondo. Las prisas no son buenas. Para nada en la vida. Y en la literatura, aún menos.

 

– Un deseo que te gustaría se hiciera realidad

Este año de la pandemia nos hemos dado cuenta de que había muchas cosas en nuestra vida que no apreciábamos y ahora echamos de menos. Caminar por la calle respirando el aire fresco, tomarnos una cerveza con los amigos, viajar, abrazar a las personas que queremos… mil cosas que formaban nuestra cotidianidad. Me gustaría que eso regresara. Por supuesto, mi deseo, como el todo el mundo, es que el virus sea derrotado cuanto antes, que de esta batalla salgamos mejores o, al menos, no mucho peores. Pero, secretamente, lo que más deseo es volver a saborear aquellos pequeños instantes de felicidad –los abrazos, los encuentros, las rutinas– que no supe apreciar como se merecían.

 

Miguel Angel Hernandez. Escritor, Investigador y Profesor. Foto: Berta Delgado. YANMAG

 

«lo que más deseo es saborear esos pequeños instantes de felicidad»

 

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