Entro en el número 17 de la calle Fúcar y me recibe una sala luminosa, repleta de gente que celebra una exposición colectiva con más de cuarenta artistas… un polvorín de sonrisas y abrazos, envuelto en el calor rebosante de este inicio de septiembre. Con ese punto de nervio que solo tienen las inauguraciones recién montadas.

Es la nueva casa de Malvin Gallery, y también su décimo aniversario: dos celebraciones que, como suele pasar en las historias que merecen la pena, han llegado juntas. YANMAG tuvo el placer de estar allí y de entrevistar tanto a su directora, Virginia Bauzá, como a varios de los artistas que ese día compartían pared. Y algo más difícil de fotografiar: el orgullo de haber construido esto juntos.
Detrás de esa sala hay tres direcciones distintas y más de ochenta exposiciones individuales. Malvin Gallery abrió sus puertas el 4 de octubre de 2016 en la calle Colmenares, frente al Ministerio de Cultura, con una retrospectiva de Margaret Modlin. La pandemia forzó el primer cambio de sede, a un local más pequeño en la calle Almadén, en el Barrio de las Letras, y hoy, diez años después, la galería estrena la tercera: un espacio más amplio en Fúcar 17, capaz de albergar obra de mayor formato. En este tiempo, Malvin ha realizado más de 80 exposiciones individuales, ha participado en ferias como JustMAD, JustLX en Lisboa, Estampa y Art Manchester y en 2021 creó su propia feria, Ziemart, en Zielo Shopping Pozuelo.
Conocí a Virginia en abril de 2022, cuando inauguró esa segunda sede con una exposición individual de Lola Caótica, El hilo de los silencios, de la que ella misma fue comisaria. Escribo este artículo en la inauguración de la tercera; algo se cierra, algo empieza. A lo largo de estos años he seguido su trabajo, tanto en la anterior sede de la calle Almadén, al lado del CaixaForum, como en el Espacio Jovellanos, a poca distancia del Congreso. Hablar con ella es hablar de una trayectoria que nunca se detuvo, ni siquiera cuando todo apuntaba a que debía hacerlo.
– ¿Cuál de las decisiones de estos diez años fue la más arriesgada de tomar, y qué te hizo seguir adelante en el momento en que dudaste más?
Sin duda lo más difícil fue cambiar al segundo local. Después de la pandemia había que minimizar gastos o cerrar. Lo pensé mucho, varios días, y al final encontré, gracias a una amiga, la galerista Luisa Pita de A Coruña, el local de Blanca Soto que se alquilaba. Era pequeño, era asequible y tenía un encanto brutal, el típico de las galerías pequeñitas francesas, así que me decidí al cambio.
– Trabajas con artistas de trayectoria consolidada y de media carrera, pero siempre estás abierta a evaluar nuevas propuestas, eso sí, con rigor y exigencia. ¿Qué consejos le darías a un artista que quiera presentar su obra a una galería?
Nunca sabes cómo asesorar porque va en función de cada galería. Yo les diría que sigan los protocolos de cada una, que no enseñen su obra ni en el móvil ni en una inauguración —no es el momento, y así no se decepcionan con un posible trato—. Lo mejor es que hablen primero y, si hay interés, manden un email. Yo siempre quiero ver todo, porque me mata la curiosidad y pienso que si dejo de ver algún portfolio me puedo estar perdiendo algún artista brillante. Pero también hay que pensar que no por pintar se es pintor, ni por esculpir se es escultor: todo lleva una trayectoria, y esa trayectoria hay que hacerla y seguirla y trabajar mucho.
– El nuevo espacio de Fúcar 17 os permite trabajar con obra de mayor formato. ¿Qué proyectos tenéis pensados para esta temporada que no hubierais podido hacer en las sedes anteriores?
En esta nueva casa haremos todo tipo de exposiciones en un único espacio que admite obra de cualquier formato: instalaciones, escultura, pintura, fotografía, collage. Nuestra línea seguirá siendo la misma: que nos guste, que nos parezca bueno, que merezca ser visto y valorado, sin ningún tipo de dictadura curatorial ni de mercado. Tanto Pablo como yo venimos de familia de artistas y desde que comenzamos a andar visitamos estudios, exposiciones, museos y ferias a los que nos llevaban nuestros padres, de modo que tenemos un criterio bastante formado. Además, en esta nueva etapa se incorpora al equipo nuestra colaboradora Sol Montes Tovar, quien se ocupará de la dirección comercial. Los artistas no solo quieren exhibir su obra, sino vender,
y nosotros también.



Esa herencia familiar no es solo un recuerdo de infancia: se hace visible en la propia colectiva, donde exponen Julio Bauzá, su padre, Clarina Vicens, su madre y también Ricardo Álvarez Martín, su marido, que vive en primera persona esa misma relación profesional que sus compañeros describen con la galería.
Salgo del despacho de nuestra anfitriona y me pierdo entre las obras, buscando a los artistas de los que ya había oído hablar y a los que todavía no conocía.

Dolores Castro Luque, que firma como Lola Caótica, fue quien me presentó a Virginia: comisarié su individual DISCOLLAGE en THEREDOOM, viajamos juntos a Toulouse con el proyecto Ceci n’est pas un pays y hemos colaborado también en Palabras Primarias. Volver a coincidir con ella en Fúcar 17 tenía, por tanto, algo de reencuentro. Lola inauguró precisamente la anterior sede de Almadén con su exposición individual y la describe como «una galerista muy vanguardista que además es muy creativa», al frente de un proyecto que reúne «mucha variedad de artistas» y que, entre ferias y eventos propios, «tiene una evolución siempre a mejor». De la nueva etapa destaca sobre todo el club de socios que ha creado Malvin, con descuentos y facilidades pensadas para el público, y lanza un llamamiento sincero para que «se anime a comprar arte», convencida de que pocas galerías ofrecen «obra para todos los bolsillos», desde el joven que busca un pequeño regalo hasta el coleccionista que invierte.

A Duncan Whiteman lo descubrí esa misma tarde. Artista británico afincado en Madrid desde 1991 y graduado como escultor por el Leicester Polytechnic, es conocido por sus «Living Sculptures» —una práctica que arrancó siendo estudiante, en 1982—. Lleva dos años y medio expuesto en Malvin y tuvo su individual en la anterior sede hace año y medio. Conoció a Virginia en ARCO y define la galería como un espacio que le ha permitido crecer sin imponerle una dirección: «no está intentando moldearte en algo que ella quiere, está intentando entender adónde quieres ir y ayudarte a llegar allí». De la colectiva destaca la coherencia que le da la propia madurez del grupo y reivindica el valor de la experiencia frente al edadismo del sector: «como artista, vienes con años de mirar, ver y responder al mundo».

Un poco más allá encontré a Juan Nieto Marín, pintor y poeta. Expone en esta colectiva una pieza de su serie Landscapes: Karesansui Flor, compuesta por tres lienzos que dialogan con el jardín seco japonés —el karesansui, hecho de arenilla, grava y rocas— y con un par de textos propios, en esa mezcla de lenguajes que atraviesa toda su obra. El título juega con la ausencia: en un jardín seco no hay flores, y sin embargo «la flor es esa vida que puede nacer». Lleva unos tres años expuesto con Malvin, desde la anterior sede de Almadén, y de Virginia destaca sobre todo su cercanía y su flexibilidad: «saber que puedes contar con ella y que ella cuenta contigo».

Ricardo Álvarez Martín presenta una de las veinticinco acuarelas que realizó este verano en directo en el Cabo de Peñas, en Asturias. La pieza forma parte de la tercera entrega de un proyecto sobre el paisaje y el cambio climático que comenzó con Tormentas, siguió con On Horizon Line y culminará en noviembre con Bajo los cielos del norte. Lleva entre 35 y 40 años pintando esa misma zona del norte de España, a modo de diario de naturalista sin animales ni personas, siempre acompañado de textos que reflexionan sobre el hecho de ser testigo: «¿dónde estoy?, ¿qué hora es?, ¿cómo me encuentro?, ¿qué veo?». Formado en la abstracción de los expresionistas americanos, hoy defiende una pintura más directa, sin dibujo previo: «yo soy un pintor, no soy un artista, soy un hombre que pinta».

Y cerca de la entrada, junto a un delicado collage en tonos dorados del que asoman, casi volando, unos tulipanes grises, reencontré a Silvia Wladimirski, a quien conozco desde hace años, entre visitas, conversaciones y la idea siempre presente de trabajar juntos de nuevo. Su lenguaje es el collage analógico, aplicado a temas sociales, la memoria y la mujer. Lleva cerca de ocho años expuesta con Malvin, y su vínculo con la galería se ha mantenido a través de distintas citas —desde una muestra en Zielo Shopping Pozuelo hasta el mercadillo de fin de año—. En esta colectiva, además, ya ha vendido obra «mientras colgaban» la exposición. De Virginia subraya, sobre todo, su trato con el público: «tiene la virtud de saber lo que el cliente quiere», la capacidad de dirigir a cada visitante hacia lo que realmente le va a interesar.
Más allá de sus lenguajes y trayectorias tan distintas, los cinco artistas coinciden en algo: la manera de trabajar de su directora. Duncan destaca su capacidad de escuchar a cada artista sin imponerle un camino; Lola, su carácter vanguardista y su dinamismo; Juan, esa confianza mutua que describe como una calle de dos direcciones; Silvia, su instinto para saber lo que quiere cada visitante. Ricardo, por su parte, representa en esta colectiva esa otra cara de Malvin: la de la familia que la sostiene desde dentro.
Cinco enfoques distintos, una misma conclusión: la de una galerista que ha sabido construir algo mucho más parecido a una comunidad que a un negocio.
Salgo de Fúcar 17 ya de noche, con la sala todavía llena y la sensación de que esta casa nueva le queda bien a Malvin: más grande, sí, pero con el mismo pulso de siempre.
Datos de interés
Malvin Gallery — 10º Aniversario. Exposición Colectiva
Lugar: Calle de Fúcar 17, Madrid (metro Antón Martín y Estación del Arte)
Fechas: del 3 al 10 de septiembre de 2026
Horario: martes a viernes de 11:30 a 14:30 h. y de 17:30 a 20:00 h. / sábado de 11:30 a 14:30 h.
Contacto y reserva de visitas: 629 71 37 53 / info@malvingallery.com
Artistas participantes en la colectiva:
Alain Arias-Misson, Amalia G. Avia, Ana Vivas, Carmen Durá, Clarina Vicens, Claudine Kloetzli, Duncan Whiteman, Emilio Cos, Enrique Salamanca, Fátima Rueda, Federico Echevarría, Fotolateras, Guillermo Simón, Héctor Delgado Millán, Isabel Gutiérrez, Jorge Pedraza, José Antonio Zaragoza, Josefina Torres, Juan Barreto, Juan López, Juan Nieto, Juan Pita, Julián Molina, Julio Bauzá, Lola Caótica, Luis Fernando Aguirre, Mariana Gillot, Mercedes Elvira, Miguel Pardo Villagómez, Nacho Angulo, Pedro Giménez, Pedro Grifol, Pere Riera, Ricardo Álvarez Martín, Silvia Wladimirski, Teresa Esteban, Tomás Fernández, Vicente Velarde y Yolanda Marchante Serra.
Artistas entrevistados:
Dolores Castro Luque (Lola Caótica) — Instagram
Ricardo Álvarez Martín — Instagram
Silvia Wladimirski — Instagram
























































Con más de quince años de trayectoria entre Italia y España, Andrea Perissinotto ha consolidado un perfil singular en el panorama del arte contemporáneo: el de un gestor cultural y comisario de exposiciones capaz de convertir ideas en experiencias que interpelan al espectador y amplían los límites del discurso artístico.
Uno de los hitos de su carrera fue la dirección de la sala Abierto de la Galería Theredoom, ubicada en la emblemática calle Doctor Fourquet de Madrid, a pocos metros del Museo Reina Sofía. En seis meses de gestión, pasaron por ese espacio más de 160 artistas internacionales, dando vida a cerca de 30 actividades distintas que abarcaron pintura, escultura, fotografía, videoarte, performance, teatro y música experimental. Su propósito fue siempre el mismo: derribar las barreras —físicas y psicológicas— que las galerías suelen imponer tanto al público como a los artistas. El primer evento, The Lunch, reunió más de 300 piezas en las paredes de la sala y se convirtió en un catalizador de sinergias entre creadores y nuevos coleccionistas.
Desde Madrid, ciudad en la que desarrolla su actividad desde 2007, ha impulsado proyectos de notable alcance: Sweet Dreams – Sueños y Acciones para el Museo Carmen Thyssen Málaga, Ceci n’est pas un pays en L’Emplacement de Toulouse, Exposición N. 1 – Acto primero en Matadero Madrid y Mírate Mientras Puedas, enmarcado en MADO – Madrid Orgullo. Su trabajo ha recibido reconocimientos relevantes: con Day Use ganó el Proyecto Nuevos Comisarios en Room Art Fair y, en 2017, la comisaria Margarita Aizpuru distinguió su propuesta Carta al padre.
En el ámbito del comisariado individual, ha firmado también la exposición de Hana Jaeger en Casa Asia – Centro Sefarad de Madrid, un proyecto que pone de manifiesto su capacidad para acompañar a artistas concretos en la construcción de un discurso expositivo coherente y con proyección internacional.
Actualmente colabora con YANMAG como responsable de eventos y proyectos de promoción de artistas, con iniciativas como 8×8 infinito x infinito y 1 Artista 1 Día.
Más información:
Instragram @artperissinotto
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