1 Artista 1 Día es un programa internacional de micro residencias creado por Andrea Perissinotto, comisario y gestor cultural, en colaboración con la revista YANMAG.
El proyecto nació en el corazón de Madrid, durante la etapa de Andrea Perissinotto como director de la sala Abierto en la Galería Theredoom (c/ Doctor Fourquet), con una misión clara: generar soluciones innovadoras que amplíen la visibilidad de los artistas y les proporcionen las herramientas necesarias para promocionar, acelerar y consolidar su carrera profesional en el panorama artístico actual.
Más allá del espacio expositivo, 1 Artista 1 Día redefine el concepto tradicional de residencia artística. Aquí, el espacio físico se convierte en un lugar de encuentro, diálogo y reflexión: un entorno donde el arte se vive, se comparte y se construye en comunidad.
Cada artista no solo presenta su obra, sino que nos regala una mirada íntima a su universo creativo: la persona que marcó su camino, el libro que cambió su visión, la canción que late en su proceso creativo o el sueño que aún espera ser cumplido.
Porque detrás de cada obra hay una historia que merece ser contada.

Me hace especial ilusión reanudar el proyecto 1 Artista 1 Día —tras más de siete años de pausa— de la mano de Alberto Muñoz. Un reencuentro que llega en el momento justo: el de su nueva exposición individual en Madrid, y el de un artista que ha encontrado, con claridad y madurez, su propio lenguaje.
Conocí a Alberto en su primera etapa madrileña, pocos años después de que se mudara a la capital desde su Cádiz natal. Entonces me encontré con alguien que buscaba su dimensión, su voz, su forma de estar en el mundo a través del arte. Casi una década después, he tenido el privilegio de volver a conversar con él, con motivo de su exposición individual Una línea está separando el mundo en dos, comisariada por Celia Montoya, en el Hotel 7 Islas de Madrid.
Alberto se define como artista plástico. El grueso de su obra se centra en la pintura, pero incorpora también la cerámica, el vidrio y el grabado. A través de esta combinación de formatos, explora temas que le afectan personalmente, buscando una conexión directa y sincera con el espectador. Su obra, de carácter figurativo, aborda lo íntimo desde una mirada abierta, que no se cierra en un único significado, sino que invita a quien la observa a apropiársela y construir una interpretación propia.
Mi primer acercamiento a la muestra fue en solitario, un día entre semana, poco después de la inauguración. Sin prisas. Sin más compañía que las obras.
Navegué entre imágenes que evocan tiempos pasados mezclados con fragmentos del presente: pájaros, recuerdos de un pretérito que dialoga con la inmediatez del selfie, ruinas de una historia que, sin ser exactamente la nuestra, reconocemos como denominador común de experiencias y sentimientos que sí hemos vivido. Raíces que se precipitan en nuestro cotidiano y nos aferran en esa disputa permanente entre vivir y dejarse llevar, entre flotar en los sueños y enfrentarse a la realidad.



Porque en las obras de Alberto fluyen símbolos y sentimientos que plasman, con la delicadeza propia de la acuarela, una mirada que va de lo onírico a lo íntimo. Un abrazo de mármol, suave como la piel de un ser querido y frío como lo es la pérdida. Los elementos se mezclan y construyen historias autobiográficas —reconocemos algún autorretrato del propio artista— que, al mismo tiempo, aspiran a lo universal.

Allí donde se encuentran el deseo y la naturaleza como sustancia humana —con sus sonrisas y sus miedos, con un cálido cariño o un beso impreso con la fuerza de una lucha— conviven también los gestos contemporáneos de quien necesita verse para creer que existe. La tensión entre lo antiguo y lo inmediato, entre el cuerpo y la pantalla, impregna cada pieza.



De esa primera visita en solitario nació también un poema. Lo titulé Clepsidras de mar y lo
comparto aquí como registro íntimo de todo lo que la exposición me removió.
Clepsidras de mar
Cada suspiro es una gota imposible,
el lamento de un mar abierto.
Es un instante líquido que salpica tu piel,
tu piel entera, tu piel mojada y pálida.
Es una fuerza tenue en el pabellón de las
clepsidras de mar.
Te estaré mirando,
cuando crea que mi fin
se esté reflejando en el tuyo
y volaremos ligeros, deslizando fuerte
los renglones que encauzaron
nuestros destinos cruzados.
Préstame un temblor,
que quiero ocuparme de ti una última vez.
Como cuando nos apoyábamos a la nada y sonreíamos.
Edades de aluminio y azúcar, de cadenas pequeñas,
entre las magnolias llenas de historias nuevas.
Soplé todas las burbujas que me quedaban
y florecí borracho, esperando a que se secara el vacío.
En este presente vocacional, me arrepentí, me besé,
y un poco también me quise.
También apagué las velas, pero me queda claro
que tu luz nunca va a desaparecer.
Le pediré al viento que la desplace
algunos años más lejos de mí.
Más allá de la emoción que provoca la obra, quise entender también el proceso que hay detrás. Y para eso, nada mejor que hablar con el propio Alberto.



Repasamos su trayectoria personal y artística desde que nos encontramos por primera vez hasta el momento actual. Me habló de sus viajes, de las ciudades que marcaron estos años —Cádiz, Barcelona y la vuelta a Madrid— y de la importancia de la relación con su pareja, cuyo retrato ocupa un lugar neurálgico en la exposición. Como el propio Alberto explica en sus respuestas —que podréis leer a continuación—: «él es un apoyo clave a día de hoy, alguien que me anima a crear, que me valora como persona y como artista».
También disfruté de su madurez intelectual y de su pasión por la poesía, un estímulo que se vuelca activamente en sus creaciones y en los títulos de las obras. Me habló de Poeta en Nueva York de Lorca, y de la poesía del artista y fotógrafo Ren Hang (Changchun, China, 1987 – Pekín, 2017). De él puede verse una mención visual en la exposición: la portada del libro recopilatorio editado por Taschen, roja, con una estrella en el centro de la que emerge el retrato de un joven lamiéndose la axila, aparece integrada en una de las piezas.
Dialogar con Alberto es dejarse contagiar por alguien que transmite pasión e inquietud hacia el universo creativo, con el deseo de experimentación como reflejo de un hambre genuino de conocer, disfrutar y entender. Le pregunté sobre las dificultades técnicas de unas obras de gran formato, creadas ex profeso para este proyecto expositivo. Me dijo que la primera pieza marcó el camino de todas las demás y, en efecto, en todas ellas se aprecia un dominio excelente de la técnica, así como una notable armonía compositiva.



Uno de los aspectos más singulares de esta propuesta es la posibilidad de que el público se lleve una parte concreta de una de las obras. Literalmente: hay tres marcos colgados en el centro del lobby del hotel, de los cuales el visitante puede recortar una pieza, generando así un vínculo con el original y, al mismo tiempo, un nuevo enfoque.

Alberto mantiene cierto control sobre ese proceso, bajo la forma de una sugerencia: «yo invito a los coleccionistas a incluir ciertos elementos que ellos, en un primer momento, quizá no habían considerado». Se genera así una nueva vida, tanto para las piezas que el público se llevará —algunas ya han dejado huecos visibles en las acuarelas— como para las que permanecen. Ambas serán distintas, y la experiencia de quienes las observen, también.



Un poco como la vida misma: navegando los cambios, adaptándonos a lo diferente, a lo desconocido, a las pérdidas y los reencuentros.
La importancia de la presencia, del estar, de esos abrazos —tan necesarios y tan escasos hoy en día— se manifiesta en la exposición como sinónimo de fisicidad, de esperanza, de grito de auxilio y también de elixir de amor. Una caricia pictórica que disipa las nubes de la soledad y nos abre un camino conjunto, un gesto de acercamiento al deseo de compartir. Acariciar el cuerpo para acariciar el alma. Porque, como escribió Paul Éluard en el poema XVII de sus Poemas de amor: «con una sola caricia / te hago brillar con todo tu resplandor».
Mi recomendación es que os dejéis llevar por un sol cuyos rayos son lágrimas de pasión, recuerdos y sueños, mientras los cantos de los pájaros os acompañan en vuelo, para que descubráis vuestra propia palabra.
Conversamos con Alberto Muñoz para conocer su universo más personal.
– Una persona
Mi pareja. Es un apoyo clave a día de hoy, alguien que me anima a crear, que me valora como persona y como artista y que siempre vela por mi desarrollo tanto personal como artístico. El hecho de que él se dedique a un oficio creativo como escribir y dirigir hace que me inspire por su capacidad incombustible de crear. En definitiva, cuando alguien hace que seas mejor persona se crea simbiosis que creo que es fundamental, especialmente en terrenos inestables como es la creación.

– Un día
Podría haber sido un gesto sin importancia, uno de tantos. Pero lo recuerdo perfectamente. En una cita, un chico al que estaba empezando a conocer me preguntó qué me gustaba. Le dije que pintar. Al día siguiente apareció con un estuche de acuarelas Schmincke que aún sigo utilizando.
A veces pienso en eso, en cómo un gesto casual, puede acabar plantando los cimientos de un camino. A día de hoy, mucha parte de mi trabajo gira en torno a la acuarela, y todo empezó ahí, sin más.
– Una canción
Todo Homem – Zeca Veloso.
– Un adiós
El adiós a Madrid, que terminó siendo un hasta luego, aunque en ese momento no lo parecía. Irme a Barcelona, sin expectativas de volver, supuso un revulsivo personal muy fuerte. Un corte que necesitaba.
Allí pasé años formándome, abriéndome a nuevas técnicas y procesos, sembrando sin saber muy bien qué iba a recoger después. Barcelona fue ese lugar de búsqueda, de introspección, de prueba y de expansión.
Ahora he vuelto a Madrid para cosechar todo eso. Habiendo retomado la pintura desde otro lugar, con una mirada distinta a la anterior que siento que me define mejor.
– Un viaje
Creta, 2024. Siempre había sentido una fascinación especial por la cultura minoica, y poder ver sus cerámicas y frescos en persona supuso cumplir un deseo que llevaba tiempo conmigo. Disfruté profundamente de esa experiencia. Sin embargo, lo que no me esperaba fue el impacto que me produjeron la arquitectura y la artesanía vinculadas al cristianismo ortodoxo: figuras y representaciones que me interesaron especialmente por su capacidad de síntesis y por el lenguaje común que mantienen con la herencia del arte antiguo.
Recuerdo también un bosque de cedros junto al mar, donde presenciamos escenas de cruising de una belleza inesperada. Además, la isla, por su paisaje y su historia y su esencia conforma un totum revolutum que recuerdo como una experiencia tan extraña como reveladora.
– Un libro
Al amigo que no me salvó la vida, de Hervé Guibert.
– Una exposición
La retrospectiva de Miquel Barceló, Todos somos griegos, en la Casa Milà.
Fue una oda a la creación compulsiva y a la libertad de tocar todos los palos. Supuso entrar a ver un cuerpo de obra muy variado, inspirador y profundamente emocionante donde también se podía entender el proceso.
Poder ver esto me hizo ver que la mano de un artista no tiene por qué limitarse a un formato o técnica, sino que, cuando uno es lo suficientemente prolífico y honesto, la impronta personal aparece en todo lo que se hace.
– Un gracias
Un gracias a los buenos docentes. He dado muchos bandazos por distintas formaciones y, de alguna manera, siempre había personas que me reconocían como pintor, incluso sin estar estudiando eso, la figura de una guía que ve el potencial en ti es fundamental cuando se está perdido.
Creo que ellos han sido un recuerdo recurrente de a lo que me gusta dedicarme y para lo que creo que valgo.
– Un lugar
Un taller. Es un lugar donde la concepción del tiempo cambia y todo se centra en la creación. Siempre me han atraído estos espacios: desde el pequeño taller que tenía mi abuelo para los arreglos de la casa del pueblo hasta el lugar donde pinto ahora. Hay algo en ellos que me resulta profundamente familiar. Son los espacios donde siento que cobro sentido como persona.
– Un sueño
Poder consolidar un proyecto de estudio donde producir mi obra, pero lo suficientemente grande como para dar talleres y acompañar proyectos ajenos. He practicado la docencia durante años y es una profesión que me gustaría que me siguiera acompañando. Creo que es una manera enriquecedora de vivir la pintura desde dos vertientes: la producción propia y el acompañamiento ajeno.
Además, estos espacios son tanto viveros culturales como promotores de comunidad, algo que hay que cuidar en el mundo y particularmente en la ciudad en la que vivimos.
Más información
Una línea está separando el mundo en dos
Comisariada por Celia Montoya
Lugar: Hotel 7 Islas · Madrid
Entrada libre y gratuita
Fecha: Hasta el 12 de junio de 2026
Alberto Muñoz – Instagram

Con más de quince años de trayectoria entre Italia y España, Andrea Perissinotto ha consolidado un perfil singular en el panorama del arte contemporáneo: el de un gestor cultural y comisario de exposiciones capaz de convertir ideas en experiencias que interpelan al espectador y amplían los límites del discurso artístico.
Uno de los hitos de su carrera fue la dirección de la sala Abierto de la Galería Theredoom, ubicada en la emblemática calle Doctor Fourquet de Madrid, a pocos metros del Museo Reina Sofía. En seis meses de gestión, pasaron por ese espacio más de 160 artistas internacionales, dando vida a cerca de 30 actividades distintas que abarcaron pintura, escultura, fotografía, videoarte, performance, teatro y música experimental. Su propósito fue siempre el mismo: derribar las barreras —físicas y psicológicas— que las galerías suelen imponer tanto al público como a los artistas. El primer evento, The Lunch, reunió más de 300 piezas en las paredes de la sala y se convirtió en un catalizador de sinergias entre creadores y nuevos coleccionistas.
Desde Madrid, ciudad en la que desarrolla su actividad desde 2007, ha impulsado proyectos de notable alcance: Sweet Dreams – Sueños y Acciones para el Museo Carmen Thyssen Málaga, Ceci n’est pas un pays en L’Emplacement de Toulouse, Exposición N. 1 – Acto primero en Matadero Madrid y Mírate Mientras Puedas, enmarcado en MADO – Madrid Orgullo. Su trabajo ha recibido reconocimientos relevantes: con Day Use ganó el Proyecto Nuevos Comisarios en Room Art Fair y, en 2017, la comisaria Margarita Aizpuru distinguió su propuesta Carta al padre.
En el ámbito del comisariado individual, ha firmado también la exposición de Hana Jaeger en Casa Asia – Centro Sefarad de Madrid, un proyecto que pone de manifiesto su capacidad para acompañar a artistas concretos en la construcción de un discurso expositivo coherente y con proyección internacional.
Actualmente colabora con YANMAG como responsable de eventos y proyectos de promoción de artistas, con iniciativas como 8×8 infinito x infinito y 1 Artista 1 Día.
Más información:
Instragram @artperissinotto
Si eres artista plástico, visual, performer, escritor, actor, músico o artista interdisciplinar de cualquier género, edad o etnia, puedes ponerte en contacto con nosotros en:
E-mail: contacto@yanmag.com
Whatsapp: + 34 651 67 69 11
Instagram: @yanmagazine @artperissinotto

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