«El arte es en sí mismo una forma de conocimiento»
Sara Quintero es artista multidisciplinar con una trayectoria de más de 25 años. Su obra ahonda de manera muy crítica e independiente en las formas de representación en la historia del arte de conceptos como Europa y sus valores fundacionales, el viaje como huida, la emigración y los refugiados, el mar y el naufragio, el papel de la mujer en la sociedad o el suicidio. Con su trabajo en pintura, dibujo, grabado, vídeo, cerámica o instalación investiga la historia y compara las representaciones clásicas con las contemporáneas, las transforma y crea a su vez nuevas formas de significado. Define el arte y la creación artística como una forma de conocimiento, de relación con el mundo y con capacidad real de transformarnos.
– ¿En qué momento comenzaste a interesarte en el arte y quisiste que fuera tu profesión?
Desde el colegio, me encantaban los cuadros reproducidos en los libros de texto, los clásicos en los de historia, de Chagal en los de francés… Mi padre realizaba grandes reproducciones de Solana en casa en su tiempo libre y un día me dibujó un niño a caballo de Velázquez. Verle trazar aquello ágilmente sobre el papel me impactó.
Después quería estudiar cine porque me encantaban las películas y estar en la sala de proyección, pero no me veía con el carácter necesario y decidí comenzar por Bellas Artes y aprender fotografía.
«Mi padre realizaba grandes reproducciones de Solana en casa en su tiempo libre y un día me dibujó un niño a caballo de Velázquez.»
«Verle trazar aquello ágilmente sobre el papel me impactó.»
– ¿Qué supuso para ti estudiar Bellas Artes y cómo te cambió?
Para mí fue una experiencia fundamental. Disfruté del proceso de formación, supuso verdaderamente una transformación y un cambio de planes. Fue el medio para conocer y profundizar en muchas disciplinas, pero sobre todo la oportunidad de interactuar con profesores y profesoras que te desconcertaban. Con el artista Paco Cortijo un grupo de estudiantes montamos un taller de grabado bajo su orientación y fue una gran experiencia en lo personal y en lo profesional. De nuevo la práctica, el trabajo en el taller… me decidió a dedicarme a las artes plásticas. Echo de menos aquel trabajo como colectivo.
– ¿Cómo es tu proceso de trabajo al comenzar un proyecto?
Suelo empezar por lecturas y búsqueda de documentación. Realizo un archivo con el material que me va interesando y que me permite empezar a trabajar, ya que utilizo mucho la apropiación y la cita en las composiciones. Recopilo fotos históricas o de los medios de comunicación relacionadas con el contexto político o del personaje que vaya a tratar, y si voy a evocar determinado periodo de la historia del arte, diseños, obras de arte, curiosidades… Selecciono textos de referencia, frases, versos de poemas o canciones que orientan la atmósfera del proyecto, anotaciones… Ese archivo va creciendo y cambiando según voy dando forma a las piezas y avanzando en las series. También realizo bocetos muy sintéticos de las ideas, imágenes pensadas, sobre todo para no olvidarlas. Busco y selecciono materiales, herramientas, soportes…
– Tu obra se compone de pinturas, dibujos, imágenes intervenidas, esculturas, cerámicas e instalaciones. ¿En qué disciplina te sientes más a gusto y cuál te gustaría incorporar?
Llevo más de 25 años de trayectoria y en los primeros 15 la mayor parte de mi producción era pintura y grabado. La pintura siempre me ha parecido el medio con mayor dificultad, implica mayor intimidad, y sin querer lo cargo de trascendencia, y de cierto sentimiento de luto; siempre desde el artificio, el engaño, lo desacogedor, la reflexión sobre la propia disciplina, o la piel de la pintura. El grabado me permitía un mayor distanciamiento y disfrute, también la misma extrañeza, pero con algo de humor y la deriva del azar, incluso en la propia realización. Esta última década, sin abandonar la pintura, le he dado más dimensión al dibujo porque necesitaba volver a una imagen más ecléctica, como hacía en grabado, incorporando imágenes procedentes de otros ámbitos y épocas. En los últimos años echaba en falta lo objetual y pensé que la cerámica, también con su legado histórico, podía añadir valor y otros contenidos: la tradición griega, los ajuares funerarios, los fragmentos y restos… Necesito además aprender, enfrentarme a herramientas nuevas y tener la sensación de resolver problemas o dificultades. He realizado algunos tanteos con el video y la animación y espero que tengan más desarrollo, hacer pequeñas películas con maquetas y escenografías, e indagar en ese futuro que intuyo.
«Llevo más de 25 años de trayectoria y en los primeros 15 la mayor parte de mi producción era pintura y grabado.»
«Necesito además aprender, enfrentarme a herramientas nuevas y tener la sensación de resolver problemas o dificultades.»
– Entre cenizas fue el título de la exposición individual que presentaste en La Casa Amarilla, una muestra en la que cuestionabas la forma de la representación de la violencia contra la mujer y su carácter aleccionador, ¿cómo investigaste y desarrollaste el tema?
En los últimos años no paro de escuchar que el feminismo ha ido demasiado lejos, y que la reacción de la extrema derecha es consecuencia de que hemos querido hacer cambios demasiado rápido. Las encuestas describen a una mayoría de chicos jóvenes que no solo se sienten amenazados, sino que se niegan a denunciar que el número de mujeres que mueren a manos de sus parejas o exparejas, es algo intolerable. Y que niños y niñas pierdan a su madre a manos de su padre es también inaceptable. Mientras, nuestros políticos continúan denigrando la imagen de sus colegas mujeres en el espacio público e impiden que se cumpla la legislación que nos defiende y protege.
El arte lleva trabajando con perspectiva de género desde los años 60, pero ni sus formas de conocer, ni el resultado de sus investigaciones, obras, propuestas, han trascendido a la sociedad. El sistema evita que haya esa comunicación. Sin embargo en el pasado el arte era una herramienta eficaz para condicionar la ética y los comportamientos sociales. La moral cristiana dirigió sobre la mujer el mandato de que fuera castigada en la escena pública, con una violencia cruel, justificada por el pecado y la culpa. Quise seleccionar aquellas pinturas históricas modificándolas, con el propósito de desvelar el poder que la imagen ha demostrado a lo largo de la historia para conformar nuestro mundo. Eliminé de mis recreaciones figuras y armas de aquellos martirios cristianos en los que grandes maestros, como Fra Angelico, Jean Fouquet, Domenico Veneciano o Bernardo Daddi, representaron la violencia contra la insolencia de las mujeres, como una vía de purificación y fortaleza espiritual. Buscaba señalar cómo la violencia de género actual repite las escenas y principios que hemos heredado, cómo pervive en el imaginario colectivo compartido. De aquellas hogueras quedan las cenizas que se reavivan: una representación que pretendía reafirmar la solidez de un orden patriarcal que aspiraba exclusivamente a confirmar de modo propagandístico sus valores. En otra serie incorporé dibujos de castigo y protección, mujeres revestidas con la famosa doncella de hierro o una armadura para cazar osos. En otras obras incluí figuras conocidas como el mono, símbolo de incontinencia sexual, del jardín de la Virtud de Mantegna y personajes de la mitología griega que también habían sufrido violencia sexual como Troilo con Aquiles, o Cassandra que además fue maldecida a no ser creída. Un texto en gran formato recogía la letra de una canción de The Smiths: «¿Van a creerme alguna vez?»
Obras de Entre las cenizas (2019) – Sara Quintero


«El arte lleva trabajando con perspectiva de género desde los años 60, pero ni sus formas de conocer, ni el resultado de sus investigaciones, obras, propuestas, han trascendido a la sociedad. El sistema evita que haya esa comunicación.»

«Sin embargo en el pasado el arte era una herramienta eficaz para condicionar la ética y los comportamientos sociales. La moral cristiana dirigió sobre la mujer el mandato de que fuera castigada en la escena pública, con una violencia cruel, justificada por el pecado y la culpa.»
– En tu obra se repiten las referencias a la mitología griega, y aparecen frecuentemente mapas, también el mar y Europa, ¿por qué son importantes para ti?
La guerra de Yugoslavia en torno al 2000 evidenció la decadencia de nuestro continente que se agravó con la crisis de Grecia en 2010. La intervención que sufrió este país y toda la especulación posterior me pareció una traición al nuestro origen cultural y democrático. Fue un síntoma premonitorio de la actual desmantelación de Europa como fuerza ética y política. Y es a través de la evolución de las políticas migratorias europeas como he desarrollado este tema en los proyectos de estos últimos años: el trato al ciudadano griego como apátrida, el asilo en campos de exterminio nazis a refugiados sirios, la acogida de solicitantes de asilo en búnkeres suizos de la Guerra Fría, la quema clandestina del gran campamento de refugiados de Calais, la externalización de nuestras fronteras renunciando a la vigilancia y protección de los derechos humanos, el incumplimiento del deber de salvamento en el mar y la criminalización de las ONG… Son la constatación de que es Europa quien naufraga.
«La guerra de Yugoslavia en torno al 2000 evidenció la decadencia de nuestro continente que se agravó con la crisis de Grecia en 2010.»

«La intervención que sufrió este país y toda la especulación posterior me pareció una traición al nuestro origen cultural y democrático. Fue un síntoma premonitorio de la actual desmantelación de Europa como fuerza ética y política.»
– Tu última exposición individual En los márgenes se ha presentado en el Museo ABC, y se ha centrado en los naufragios y las muertes de inmigrantes en las costas europeas ¿cómo desarrollaste el proyecto y qué te impulsó a hacerlo?
En los márgenes es de momento el último proyecto sobre la desaparición de Europa, en la renuncia a sus principios fundacionales y en ser el adalid de los derechos humanos en los conflictos internacionales. El título se refiere tanto a esa deshumanización que sucede en los límites del continente y que ha convertido al Mediterráneo y sus costas en un verdadero cementerio por los constantes naufragios; como a las propias noticias sobre estos, que pasan desapercibidas, quedando relegadas a la periferia del debate social. Para el proyecto tomé dos puntos de partida. Por un lado, imágenes de la propia Colección del Museo ABC, relacionadas con la guerra, las fronteras, la muerte y el naufragio… que por primera vez en las exposiciones de dibujo contemporáneo de este museo, han sido intervenidas para formar parte de la exposición. Escaneadas y modificadas, resignificadas, me han servido para invitar a pensar el presente desde acontecimientos históricos del pasado. Los títulos de estas ilustraciones de la prensa diaria han conducido también la atmósfera de la sala.
Por otro, las composiciones pictóricas del siglo XIX sobre el naufragio. Este, bajo la idea romántica de lo heroico, aún tenía significado para la sociedad, era un “acontecimiento” digno de ser representado. Las he recreado en dibujos que repiten también su formato, un collage digital de imágenes de naufragios actuales procedentes de los medios de comunicación, que una vez impreso, completo con dibujo a lápiz. La propia factura evoca la forma de construir el mar en los grabados de naufragios antiguos. Aquí entiendo el pasado de nuevo, la historia del arte, como una herramienta para pensar esta tragedia contemporánea. Las cerámicas a modo de ajuar funerario, y los vídeos con dibujos de figuras extraídas de ánforas griegas, señalan la necesidad de luto. La documentación y la creación de archivos son fundamentales en este proceso, reforzando la reivindicación de la memoria.
«En los márgenes es de momento el último proyecto sobre la desaparición de Europa, en la renuncia a sus principios fundacionales y en ser el adalid de los derechos humanos en los conflictos internacionales.»


«El título se refiere tanto a esa deshumanización que sucede en los límites del continente y que ha convertido al Mediterráneo y sus costas en un verdadero cementerio por los constantes naufragios; como a las propias noticias sobre estos, que pasan desapercibidas, quedando relegadas a la periferia del debate social.»
– En la exposición hay una instalación de una gran ola de papel ¿cómo elaboraste esta pieza?
Quería que fuera la evocación de una ola que trae los restos del naufragio a la sala. Al fin y al cabo, los restos son lo que hacen intuir la tragedia. Mide 9,5 m de largo y 2 m de altura en un extremo. Realicé una maqueta previa de 2,5 m y se la pasé al escultor Roberto Urbano para que me hiciera la estructura de madera a escala.
La ola está formada de papeles de diferentes calidades y composición, unos sin intervenir y otros impresos. Partí de unos dibujos a lápiz previos evocando las capas de agua y las transparencias de las olas, los fotografíe y escaneé, imprimiéndolos finalmente sobre distintos papeles y con diferentes matices. En el estudio realicé piezas con capas de estas impresiones de unos 100 x 80 cm para poder transportarlas al museo y montarlas sobre la estructura en la sala. Cuando le propuse la pieza al comisario de la muestra, Óscar Alonso, acordamos que sería más rotunda, estructural y con espacios en blanco que me facilitarían el trabajo, dadas las dimensiones, pero en el proceso me dejé llevar por una especie de horror vacui y el dibujó acabó inundando toda la pieza.


– Como has mencionado antes, la cuestión de la representación de los hechos en imágenes y los discursos que transmiten son una de las claves más importantes de tu trabajo. En tu obra replanteas constantemente el punto de vista del poder sobre los oprimidos, con un discurso muy crítico y contundente. ¿Cómo identificas y desmontas estas formas de representación?
Parto de la experiencia, vivimos en un contexto social privilegiado, pero sufrimos la violencia del sistema como testigos del dolor. Pascal Quignard recogía la idea de suavitas romana: suavidad es contemplar el naufragio desde la orilla. Los medios relatan las muertes en el mar como un accidente inevitable. Para desmontar estos mensajes además de la apropiación y la cita como estrategias, incorporo la palabra, por ejemplo textos de Homo Sacer de Giorgo Agamben, que describen la nuda vida del refugiado, para señalar que aquellas muertes son consecuencia de las políticas migratorias europeas, y denunciar la impunidad de nuestros estados. Durante la guerra de Siria llegaron muchos refugiados, dibujé los escombros entre lujosas vajillas rococó, estilo que identificaba con Europa. Cuando consiguieron llegar al campamento de Calais, advertí que justo era el lugar de origen del Grand Tour, imité sus souvenirs de viaje, sus planos de jardines… su estilo pintoresco; pero los motivos eran los campos de concentración nazis donde Europa les había acogido en su periplo.
Obras de Cenador para un jardín (2018) – Sara Quintero


Para abordar la inacción de Europa frente a los ataques a Ucrania y Palestina volví a relacionar presente y pasado. Planteé una reflexión desde las figuras del Círculo de tiza, (Helene Weigel, Elisabeth Hauptmann, Margarete Steffin y Ruth Berlau), las mujeres que ayudaron a crear a Bertold Brecht en el exilio huyendo del nazismo. Incorporé sus antiguas fotografías, también las de Zoya Kosmodemyanskaya, portada de Antígona, a los dibujos de paisajes de la actual destrucción. Si estamos anestesiados a la verdad de las fotos de prensa, quizá podamos reaccionar desde lo particular, pensando en las mujeres de nuestro presente, ucranianas y palestinas supervivientes, condenadas también a la pérdida y al exilio.
– ¿Cómo ves tu trayectoria y tu obra en este momento y qué te gustaría hacer en el futuro?
Una trayectoria de resistencia, centrada en seguir trabajando a pesar de las dificultades, inconvenientes o carencias. A veces envidio a mis colegas que solo se dedican a la práctica artística, porque pueden concentrarse exclusivamente en ella, pero creo que compaginarla con la docencia me ha permitido cierta independencia y autonomía. En cuanto a la obra creo que el diálogo que estoy marcando entre disciplinas y formatos puede abrir nuevas posibilidades, disfruto con la investigación. Tras la última exposición pienso en profundizar en un dibujo de carácter instalativo; en continuar con las maquetas y emprender proyectos de carácter escenográfico de mayores dimensiones. Me gustaría también retomar la pintura para acercarme a las imágenes mentales que recreo. ¡Necesito otra vida para controlar la cerámica y el vídeo! Me ilusiona volver a trabajar con equipos y disfrutar del trabajo en común. Quiero seguir indagando en la crisis política pero también en nuevos temas. Cuando abordé el proyecto sobre Virginia Wolf realicé unas obras sobre el suicidio, es la primera causa de fallecimiento entre nuestros jóvenes y mayores, y estoy pensando en cómo desarrollarlo.
«Mi trayectoria es de resistencia, está centrada en seguir trabajando a pesar de las dificultades, inconvenientes o carencias.»
«En cuanto a la obra creo que el diálogo que estoy marcando entre disciplinas y formatos puede abrir nuevas posibilidades, disfruto con la investigación.»
– En este momento hay un gran debate por el uso de la Inteligencia Artificial generativa en las artes ¿qué opinión te merece?
Es un debate que se repite cada cierto tiempo, cuando irrumpe una nueva tecnología. Se defiende como el inevitable progreso, se teme porque implicará la desaparición de lo anterior, pone en duda la creación y la autoría, los derechos… pero luego las rupturas no son tan radicales, la autoría o la originalidad ya estaban denostadas, y finalmente el mercado acabará imponiendo su deriva… La super-produción digital no será el paraíso como no lo fue la llegada de internet. La IA generativa es una revolución y como tal implicará grandes cambios, algunos positivos como en la ciencia y la salud, y otros demoledores como en el mundo laboral, en la ética y en el control de nuestras vidas. En las artes se perderán puestos de trabajo y el sector quedará todavía más en precario, desaparecerá la crítica cultural como le está sucediendo a la prensa de investigación. El arte se verá afectado como el resto de sectores de este neoliberalismo despiadado. La amenaza está en que Europa está cediendo a las presiones de los monopolios tecnológicos estadounidenses en retrasar las leyes que regulen su uso de forma ética y consciente, poniendo en peligro a la ciudadanía.
«Con la IA generativa el arte se verá afectado como el resto de sectores de este neoliberalismo despiadado.»
«La amenaza está en que Europa está cediendo a las presiones de los monopolios tecnológicos estadounidenses en retrasar las leyes que regulen su uso de forma ética y consciente, poniendo en peligro a la ciudadanía.»
– También eres profesora en Bellas Artes en la UCM, ¿qué tratas de inculcar a tus alumnos?
La educación es un sector dónde la utilización de la IA pone en cuestión todo nuestro sistema de aprendizaje. Es el comienzo de una revolución que pone en duda todas las certezas que mantenían a la enseñanza ya en un frágil equilibrio. Así que hay una cuestión previa para todos los agentes implicados, sobre qué enseñamos, para qué, qué quieren aprender, cómo van a aprender… y desde ahí animo al estudiante a posicionarse y tomar conciencia. Pero en cualquier caso los planes de estudio de artes siempre parece que están en contradicción con los principios a los que aspiramos: cierran y delimitan, rompen con academias para fundar otras… Por eso siempre inculco a los estudiantes que independientemente del sistema o del profesorado que les haya tocado, con sus debilidades, carencias o errores, dirijan su formación desde el primer curso, que entren en profundidad en las materias, que experimenten, que estudien al margen de las asignaturas, que orienten y amplíen cuanto antes sus intereses. Que se formen un criterio para poder opinar y decidir. Que busquen profesores que les marquen, compañeros con los que poder iniciar una vida profesional juntos. Intento trasladarles que aunque trabajen desde la inseguridad si lo hacen con dedicación y cariño todo alcanza sentido. El arte no es solo una carrera, es en sí mismo una forma de conocimiento. No es solo una salida profesional, es una forma de relación con el mundo y tiene la capacidad de transformarnos. La universidad no es solo un lugar de estudio, es un espacio de transformación vital. Y ese crecimiento debe darse como persona, una vocación humanista que luego trasladarán a su contexto, no son solo alumnos, son agentes de cambio.
«El arte no es solo una carrera, es en sí mismo una forma de conocimiento. No es solo una salida profesional, es una forma de relación con el mundo y tiene la capacidad de transformarnos.»
«La universidad no es solo un lugar de estudio, es un espacio de transformación vital. Y ese crecimiento debe darse como persona, una vocación humanista que luego trasladarán a su contexto, no son solo alumnos, son agentes de cambio.»
– ¿Cómo es tu tiempo cuando no trabajas?
Compaginar la docencia y la investigación con la práctica artística me deja poco tiempo libre y mucho estrés. Me gustaría ver más exposiciones y acudir a inauguraciones, cine, conciertos… pero no lo consigo. Intento pasar tiempo con mi pareja, familia y amigos. Hago algo de deporte, voy al campo en ocasiones, viajo…
Quisiera leer más y mejor. Quisiera tener más tiempo y no sentirme culpable por lo que estoy dejando de hacer.
– Un deseo que te gustaría se hiciera realidad.
Tengo una sobrina de seis años y temo por el mundo que estamos construyendo, que es una verdadera distopía. Deseo que este mundo cambie al mejor posible, que acabe cuanto antes esta deriva hacia la extrema derecha y el desprecio a los derechos humanos.

«Deseo que este mundo cambie al mejor posible, que acabe cuanto antes esta deriva hacia la extrema derecha y el desprecio a los derechos humanos.»
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