Por Beatriz García
El lenguaje japonés representado en kanjis puede condensar una gran cantidad de asociaciones en un solo carácter visual. En este contexto, la palabra puede comportarse como una imagen y la imagen como una palabra, ambas entran en comunión.
La palabra montaña (yama) es representada visualmente con tres picos y su lectura va mucho más allá que una definición geográfica, para los japoneses yama tiene un profundo peso espiritual, filosófico y cultural (morada de dioses, frontera entre la vida y la muerte, lugar de ascetismo…).
Si nos adentramos más allá en la estética japonesa, resulta importante entender que el significado no depende exclusivamente de aquello que se representa, sino también de cómo se dispone visualmente.
¿Cómo sería crear artísticamente desde una mirada occidental atravesada por una cultura visual japonesa?
Aquí es donde nos encontramos con la artista española Amanda Feito, más conocida como Mandy Shadows (Madrid 1998).
Mandy enumera múltiples exposiciones, tanto en galerías como en ferias de arte, como la Feria de Arte JUSTMAD con la galería Arias Rego Contemporary, Madrid, 2022; Festival Art Battalion VIII de la galería White Lab, Madrid, 2024; Festival Res Futura Art Festival, Madrid, 2024; exposición “Anónimo” en la galería Rampa, Linares, Jaén, 2022; exposición FUNHOUSE en el hotel Thompson, con Untitled Gallery, Madrid, 2025; exposición ENNETO en Fundación Pons, Madrid, 2025; entre otros. Además, en 2022 obtuvo el primer premio de la XIV edición de Versiona Thyssen, organizada por el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza. Su primer Solo Show fue en febrero de 2026 en la galería Arias Rego. En junio de 2026 participa en cerARTmic Madrid 2026 representada por Arias Rego Contemporary.
La última colaboración más destacada de Mandy Shadows es junto a la Plataforma de Arte Contemporáneo (PAC) para crear un cartel de edición limitada específicamente en la feria de arte contemporáneo ESTAMPA 2026. El proyecto se tituló Saturados de mirar.
Sus trabajos, al igual que la escritura japonesa combina la palabra de sus poesías con escenas donde emociones, traumas y experiencias personales cobran vida propia. Cada elemento o pieza de sus obras se mueven en un territorio donde texto e imagen no están completamente separados.
La mirada de Amanda Feito se acerca al contexto del New Pop nipón. Lo interesante no es que algo «parezca japonés» sino que una imagen pueda adquirir la esencia de este concepto oriental, «seducir» antes de ser interpretado, convertir lo extraño en atractivo, un objeto puede convertirse en personaje, parecer sencillo, aunque contenga capas contradictorias, borrar sutilmente la frontera entre la obra de arte y el objeto de consumo.
«Creo que la presencia de la cultura japonesa en mi obra tiene mucho que ver con mi propia historia y con quién soy. Mis pinturas son una especie de autorretratos introspectivos: no me autorretrato físicamente, sino que intento representar mi psique, mis experiencias, mis emociones, mis miedos y mis deseos. Por eso, mi universo visual está lleno de metáforas que hablan de mí, y mis referencias culturales forman parte de ese lenguaje. Mi interés por Japón viene de muy pequeña. He crecido viendo series de animación japonesa y, durante la adolescencia, empecé a adentrarme más en el mundo del anime y el manga, a ir a convenciones con mis amigos y a compartir esa afición con mi círculo cercano. Es algo que me ha acompañado durante prácticamente toda mi vida y que ha terminado formando parte de mi personalidad y de mi manera de mirar el mundo. No es una referencia estética que haya incorporado de forma puntual, sino algo que llevo conmigo desde hace muchos años».

«Una de las cosas que más me atraen del imaginario japonés es su capacidad para convivir con ideas que, a primera vista, parecen opuestas: lo tierno y lo inquietante, lo delicado y lo oscuro, lo aparentemente infantil y lo profundamente emocional. Un personaje puede tener una apariencia adorable y, al mismo tiempo, transmitir soledad, tristeza, vulnerabilidad o incluso cierta incomodidad. Esa dualidad me interesa muchísimo porque siento que las emociones humanas también funcionan así: no siempre tienen una única cara y, en ocasiones, lo que mostramos al mundo es muy diferente de lo que llevamos dentro» nos cuenta la artista.

El concepto japonés kawaii no es una mera representación de la ternura “mírame soy adorable”, es una categoría estética en la que lo aparentemente tierno (ojos grandes, formas redondeadas, cuerpos diminutos o colores intensos) no elimina lo inquietante. Esa dulzura funciona como una puerta de entrada a algo que, presentado de otra manera, podría producir rechazo.
Aquí podemos caer en la simpleza y torpeza de interpretar las obras de Mandy Shadows desde una mirada delimitada occidental. ¿Por qué nos cuesta tomar en serio lo adorable? Asociamos lo infantil con lo menor, necesitamos transformar algo serio para ser legitimarlo. Una visión sin duda estrecha. Puede parecer un juguete, pero escuchen, es una obra de arte.

«No diría que en Occidente no entendemos la ternura o la fragilidad, pero sí creo que, en determinados contextos, seguimos asociando crecer con abandonar ciertas formas de sensibilidad. Parece que, al convertirnos en adultos, debemos dejar atrás lo ingenuo, lo delicado o aquello que nos hace sentir vulnerables para adoptar una imagen más seria, fuerte y productiva. Y, sin embargo, ¿por qué tendríamos que renunciar a esas partes de nosotros mismos? Siempre he sentido la necesidad de ser yo misma, incluso cuando eso significa alejarme de lo que se espera de mí. Por eso conecto tanto con estas formas de expresión: me interesa la posibilidad de utilizar una estética dulce sin que eso implique renunciar a la complejidad, la profundidad o la libertad. No creo que algo tenga que parecer oscuro o agresivo para transmitir un mensaje contundente, del mismo modo que algo aparentemente tierno no tiene por qué ser superficial.
En mis obras traslado esa idea a través de mis personajes, sus expresiones, sus colores y las situaciones en las que los represento. Me gusta que exista una primera lectura visual, más accesible, que invite a acercarse, pero que después aparezcan otras capas de significado relacionadas con mis propias experiencias y emociones.
Al final, me gustaría que mi trabajo defendiera algo muy sencillo: que podamos crecer sin dejar de ser nosotros mismos. Que no tengamos que renunciar a nuestros gustos, a nuestra sensibilidad o a aquello que nos hace diferentes para encajar en una idea de lo que significa ser adulto. Para mí, conservar esa parte más inocente y curiosa no es una forma de inmadurez, sino una manera de seguir relacionándonos con el mundo con honestidad», expone Shadows.
Su acercamiento a la escultura surgió de las ganas de unirla con la pintura y explorar nuevas formas de contar historias. Todo empezó con Soñadora del aire, una obra que forma parte de su proyecto Poemas Pictóricos y que concibió como una pieza de 360 grados.
“No quería limitarme a reproducir un personaje que ya existía en mi universo pictórico. Quería salir de mi zona de confort, experimentar con otro lenguaje y, al mismo tiempo, mantener la esencia de lo que hago. Para mí, el arte no consiste únicamente en crear objetos bonitos, sino en comunicar algo a través de ellos. Necesito que mis obras tengan una base conceptual, que exista una razón detrás de su forma y de su presencia. De esa inquietud nació “Kodomo no Omamori” (子供のお守り), “Amuletos para el niño interior”, mi proyecto escultórico.


En esta serie concibo las esculturas como pequeños juguetes-amuleto: personajes que, a través de una estética vinculada al imaginario kawaii, funcionan como objetos de refugio y acompañamiento emocional. Me interesa esa capacidad que pueden tener ciertos objetos para hacernos sentir protegidos, recordarnos algo importante o conectar con una parte de nosotros mismos que a veces dejamos olvidada al crecer. El proyecto parte de la idea de que la infancia no desaparece cuando nos hacemos adultos. Esa sensibilidad, la curiosidad, la capacidad de asombro y también nuestras vulnerabilidades siguen formando parte de quienes somos.


Por eso, mis esculturas no pretenden representar una infancia idealizada ni proponernos volver al pasado, sino recordarnos que esa parte de nosotros continúa ahí.
Aunque en ellas no utilizo poemas como hago en mis pinturas, la intención de fondo sigue siendo la misma: hablar de emociones y experiencias personales, solo que esta vez a través de la forma, el personaje y el objeto. Quería explorar un lenguaje diferente sin perder mi esencia, y descubrir hasta dónde podía llevar mi universo artístico”, comparte Mandy.
Adentrarse en el mundo creativo de Mandy Shadows te ofrece la oportunidad de reencontrarte con tu parte más sincera y auténtica.
Esa verdad que implica aceptar la propia fragilidad, reconocer nuestras debilidades y asumir los tropiezos del camino. Porque, tras esa aparente vulnerabilidad, se revela la fuerza interior de la resiliencia: la fe en uno mismo y la capacidad de desarrollar las aptitudes necesarias para afrontar retos y dificultades.
Un reto no es un problema, sino una oportunidad para descubrirte y reencontrarte con esa voz interior que te dice: «No pasa nada, sigue adelante. Sabes que puedes».
Sus obras de arte son poesía, son la vida misma. En ellas puedes verte claramente reflejado si te abres de verdad a reconocer quién eres.
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Mandy Shadows – Instagram – Youtube – LinkedIn – TikTok

Es escritora y articulista. Colabora habitualmente con El Periódico de Extremadura con temas culturales, folklore, tradiciones y ámbito rural y sobre arte contemporáneo con Plataforma de Arte Contemporáneo (PAC) y YANMAG. Ha escrito artículos y entrevistas sobre artistas y gestores culturales como Helga de Alvear, Ángeles Santos, Sojo, Katja Lang, Ángel Sevillano, Charlotte Zander, Anna Salova, Claudia D. Roscelli, Carmen Mansilla, Rini Spiel, Olga Survillo, Alejandra Caicedo, Maravillas Artero, Mandy Shadows, Juan Díaz-Faes o Jaime Urdiales entre otros. Ha publicado La Serrana de La Vera, más allá de la leyenda, ilustrado a mano por Enrique Rodríguez Extremeño con Ediciones Extremeño.
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