Andrea Perissinotto – Gestor Cultural y Especialista en Desarrollo de Negocio

Entrevista: María Romler – Fotografías: © Berta Delgado

«Las buenas ideas no preguntan de qué sector vienen»

Andrea Perissinotto es gestor cultural y especialista en desarrollo de negocio. Su trayectoria profesional se ha construido en la intersección entre la creación de alianzas estratégicas y la gestión de relaciones institucionales.
Su perfil es una combinación poco habitual: una sólida experiencia comercial junto con un recorrido continuado en el ámbito artístico y cultural. Esa doble perspectiva le permite comprender tanto los objetivos empresariales como el valor de los proyectos creativos, facilitando la conexión entre organizaciones, equipos y oportunidades.


En el sector de la educación superior ha trabajado en instituciones como la Escuela Universitaria Real Madrid – Universidad Europea, Schiller International University y EAE Business School, entre otras. En el terreno cultural ha dirigido la Sala Abierto de la Galería Theredoom y ha impulsado iniciativas en el Museo Carmen Thyssen de Málaga, L’Emplacement de Toulouse, Matadero Madrid, Room Art Fair o Hybrid Art Fair.


En YANMAG es colaborador habitual y ha ideado y desarrollado proyectos como 1 Artista 1 Día, 8×8 (infinito × infinito) y 8 minutos con…
Es Máster en Dirección de Protocolo y Organización de Eventos por la Universidad Europea y ha coordinado el 10.º Aniversario de YANMAG en el Círculo de Bellas Artes de Madrid.


Conversamos con él hace siete años, y en esta nueva entrevista descubrimos qué ha cambiado y cuáles son sus objetivos.

– Han pasado más de siete años desde aquella primera entrevista en YANMAG. ¿Qué ha cambiado en Andrea Perissinotto desde entonces?


En mi vida siempre han coexistido dos mundos: el arte y los negocios. Aparentemente podrían verse como líneas paralelas. Sin embargo, se han ido cruzando cada vez con más frecuencia: el primero ayudándome a desarrollar iniciativas empresariales con espíritu creativo, infundiendo ese valor disruptivo, estético e imaginativo al desarrollo de negocio. El segundo, brindándome herramientas de análisis y un método que aplico a diario como comisario y gestor cultural.


Hace siete años hablamos, entre otros temas, de mi paso por la Galería Theredoom de la calle Doctor Fourquet de Madrid. Fue una de las experiencias profesionales más gratificantes que he vivido y un puente hacia otras oportunidades, porque dirigir un espacio -programación, relación con artistas, público y coleccionistas, pero también ventas y relaciones institucionales- fue todo un desafío y un banco de prueba.


Después, en EAE Business School, tuve que afrontar otro reto: la puesta en marcha de los grados universitarios, por primera vez en más de sesenta años de historia de la escuela de negocios. Lo que me ayudó en esa tarea fue justamente recurrir al método y la organización. Si me preguntas cuáles son tres características imprescindibles para cada nueva iniciativa, evento o actividad, te diré: «planificar, planificar, planificar». No quiere decir que se trate de una estructura cerrada, sino de construir sobre unas bases sólidas toda la historia que queremos contar. Sea una carrera universitaria o una exposición, primero hay que armar los cimientos antes de levantar el edificio más ecléctico o innovador.


– En aquella entrevista hablábamos principalmente de arte, comisariado y gestión cultural. Hoy también encontramos en tu trayectoria varios años de desarrollo de negocio y educación superior. ¿Cómo se produjo ese giro?


Todo empezó con una candidatura para la Universidad Europea de Madrid. Se trataba de una posición afín a mi experiencia previa en NH Hotel Group. Buscaban, entre otros requisitos, a un perfil nativo en italiano. Finalmente pasé la selección, pero les interesó también mi experiencia en gestión de cuentas premium y perfiles VIP. Por esas razones me ofrecieron un puesto en la Escuela Universitaria Real Madrid – Universidad Europea.


Al principio pensé: «¿y qué tengo yo que ver con el fútbol y el deporte?», porque lo que más me acerca a esa disciplina es la historia de mi padre, que dedicó toda su vida al calcio. Pero yo, de fútbol, lo único que sé es que un partido dura noventa minutos. Acepté precisamente por eso, porque era un terreno que no conocía, y así descubrí, de la mano de una institución mundialmente reconocida, un ámbito que terminó siendo extremadamente enriquecedor: la educación superior.

– Tu trayectoria parece moverse entre dos mundos que a primera vista podrían parecer muy diferentes: cultura y negocio. ¿Qué tienen en común para ti?


Yo creo que las buenas ideas no preguntan de qué sector vienen: la cultura aporta formas de despertar curiosidad, conversación y nuevas perspectivas que pueden viajar a otros contextos. Pero es cierto que en el ámbito laboral, y diría que en la sociedad en general, existe una necesidad de clasificar a las personas y, por tanto, sus categorías profesionales. Andrea Perissinotto, comisario y gestor cultural: perfecto. Pero también business development, partnerships y relaciones institucionales… eso ya complica la cosa (risas). Todo eso es cierto y, en realidad, lo pongo en práctica a diario sin pensar en qué modalidad está mi cabeza, sino volcándome en lo que tengo delante.

«En el ámbito laboral, y diría que en la sociedad en general, existe una necesidad de clasificar a las personas y, por tanto, sus categorías profesionales».

Foto: © Berta Delgado

«Andrea Perissinotto, comisario y gestor cultural: perfecto. Pero también business development, partnerships y relaciones institucionales. (…) Todo eso es cierto y, en realidad, lo pongo en práctica a diario sin pensar en qué modalidad está mi cabeza, sino volcándome en lo que tengo delante».


En 2019, trabajando con el poeta Daniel Rabal Davidov (a quien recientemente volvimos a entrevistar en YANMAG, para 1 Artista 1 Día) me surgió la idea de convertir pequeños trozos de papel arrugado en cupcakes. Los llamé «magdalenas poéticas», porque al abrir ese papel, se descubre que hay una poesía en su interior. Años después, durante una actividad organizada en EAE, para fomentar el acceso a la lectura entre su personal, volví a proponer esos artefactos y generé mucho estupor entre mis compañeros. Incluso descubrí que algunos de ellos también se dedicaban al arte, en sus múltiples expresiones: teatro, música, escritura.

Magdalenas Poéticas de Andrea Perissinotto y Daniel Rabal Davidov – Fotos © Cinzia Newoman
Fotos © Jesús Corbín e Irene Femenia Puigcerver

Eso demuestra que hay conexiones mucho más espontáneas y veraces de lo que imaginamos, y ser consciente de ello es un factor diferencial en cualquier contexto. Lo que realmente ha cambiado en mí es darme cuenta de que mi manera de afrontar distintas actividades es una fortaleza: ampliar el horizonte y detectar el origen de la necesidad. Porque, en definitiva, lo que busca una empresa es solucionar problemas, y lo que busca la cultura, muchas veces, es plantearlos.

– Has trabajado tanto con artistas e instituciones culturales como con estudiantes, familias, empresas y partners internacionales. ¿Qué has aprendido de trabajar con públicos tan diferentes?


Existe un denominador común para cualquier interlocutor: la escucha. Ese espacio en el que estás pendiente del otro, sin juzgar, pero sí analizando, con atención, rigor y empatía. No se puede hacer un diagnóstico sin descubrir antes las causas: una familia puede buscar tranquilidad. Un estudiante, futuro. Otra persona, resolver una duda concreta. El mismo discurso no conecta igual con todos.


Una vez, en una masterclass sobre ventas y desarrollo de negocio, el ponente puso el ejemplo de una pareja que entraba en un concesionario para comprar un coche. Al ver que eran jóvenes, el vendedor les propuso un deportivo de dos plazas. Pero ellos eran padres de dos niños pequeños y buscaban sobre todo seguridad y espacio. En la siguiente visita, otra persona les hizo preguntas para entender sus necesidades y les ofreció lo que realmente se adaptaba a ellas. Sobra decir dónde cerraron la compra.


Esa escena me acompaña siempre que tengo una asesoría o una reunión. Lo que realmente puedes ofrecer empieza cuando descubres qué significado tiene para quien tienes delante.

No cambias el producto ni los objetivos. Cambias el punto de entrada. Eso me ocurre a menudo cuando hablo con profesionales creativos que me piden asesoramiento en un momento concreto de su carrera o para definir una estrategia a medio y largo plazo. Quizá para algunos el objetivo sea llegar a ARCO. Para otros, darse a conocer. Para otros, consolidar una presencia internacional. Las casuísticas son muy diversas y precisamente por eso no hay una única puerta de entrada.


Por tanto, ahí está el verdadero aprendizaje, incluso cuando no hay una respuesta final. La experiencia completa ese proceso y te ayuda a decidir cómo actuar. Y prestar atención a los demás me permite contrastar opiniones y propósitos, incluso cuando difieren de mi manera de pensar. Y YANMAG es, en ese sentido, un buen espejo: una plataforma en la que conviven enfoques muy diferentes, tratados desde el respeto, la curiosidad y el deseo de conocer. Quizá por eso, cuanto más diversos son los públicos con los que trabajo, más agradezco haber aprendido primero a escuchar antes que a hablar.

«Existe un denominador común para cualquier interlocutor: la escucha. Ese espacio en el que estás pendiente del otro, sin juzgar, pero sí analizando, con atención, rigor y empatía».

Foto: © Berta Delgado

«Lo que realmente puedes ofrecer empieza cuando descubres qué significado tiene para quien tienes delante».

– En EAE Business School participaste en el lanzamiento de una nueva etapa académica y en el desarrollo del canal B2B. ¿Qué aprendiste de construir un proyecto prácticamente desde sus primeros pasos?


Aprendí, sobre todo, lo valioso que es el trabajo en equipo. Yo aporté mi estilo organizativo, pero una iniciativa de esa envergadura no se levanta en solitario: es la suma de mucha gente, y también de la historia de una institución que quiere dar un paso más.

Con el tiempo he entendido algo que me gusta de la propia palabra proyecto. Etimológicamente tiene que ver con la idea de lanzar algo hacia delante, hacia el futuro. Y creo que esa definición explica bien lo que significa construir desde los primeros pasos: antes de que exista un resultado, tiene que existir una posibilidad en la que alguien esté dispuesto a creer.


En EAE había que construir precisamente eso. Nada estaba completamente definido: había que darle forma, encontrar a quién sumar y conseguir que equipos distintos remaran en la misma dirección. Ahí aprendí que una buena idea, por sí sola, no basta. Necesita un team que crea en ella y esté dispuesto a impulsarla, porque cuando empiezas desde cero no tienes todas las respuestas.

Fotos © Berta Delgado y Paula Turnes


Puedes tener una planificación y unos objetivos, pero la realidad siempre introduce variables que no estaban en el papel, y hay que saber escuchar, corregir y adaptarse.


Y quizá por eso estoy convencido de que aquella experiencia tiene mucho más que ver con el resto de mi trayectoria de lo que podía pensar entonces. He trabajado en educación, desarrollo de negocio, con artistas, instituciones, empresas e iniciativas creativas, y aunque los contextos cambian, siempre hay algo parecido: hay una necesidad, una oportunidad o una idea que todavía no se ha convertido en realidad, y necesitas conectar a quienes hacen falta para hacerla posible.

«Cuando empiezas desde cero no tienes todas las respuestas».

Foto © Berta Delgado

«Puedes tener una planificación y unos objetivos, pero la realidad siempre introduce variables que no estaban en el papel, y hay que saber escuchar, corregir y adaptarse».

– Llevas años moviéndote entre la venta consultiva y la venta de arte. ¿Ha cambiado tu manera de entender la venta después de todos estos años?


Mi experiencia trabajando en el sector de la educación superior ha ampliado mi manera de concebir la venta: no se trata solo de elegir un mensaje, sino de detectar el registro más adecuado. Vender, al menos como yo lo entiendo, nunca ha consistido en convencer. Ha consistido en ayudar a decidir. Ahora bien, si trabajas en una organización, tu cometido está ligado a su éxito y crecimiento. Por eso necesito confiar en la institución que represento, de manera que pueda proponer algo que yo mismo compraría si me encontrara en las circunstancias del cliente.


Pienso, por ejemplo, en Fracasos Compartidos, el proyecto que presentamos en Hybrid Art Fair gracias a la colaboración con La Ecléctica Huelva y su directora, María JL Hierro. Lo menciono porque para mí resume bien algo importante: una idea gana valor cuando se convierte en una experiencia concreta para otras personas.


Quizá uno de los procesos más delicados es vender arte. Siempre hay una parte emocional en cualquier compra y, salvo las adquisiciones que responden exclusivamente a criterios de inversión, comprar una obra es entrar en el universo de su autor. Recuerdo en particular una exposición que comisarié: Discollage, de Lola Caótica. Un visitante se interesó por una pieza, pero volvió varias veces antes de tomar una decisión.

Yo hablé con él sobre los detalles técnicos, el proceso creativo y la trayectoria de la autora. Sin embargo, su decisión se consolidó cuando conoció a la propia artista, que le explicó la importancia de los sujetos del collage, lo que representaban para ella y el valor que habían tenido en su evolución. Ese día el cuadro se descolgó de la pared rumbo a la casa de su nuevo dueño.

Discollage de Lola Caótica en la Galería Theredoom – Fotos © Mónica de Solís

– En paralelo a tu actividad empresarial has mantenido una relación constante con el arte y la cultura. ¿Por qué nunca has querido abandonar completamente ese territorio?


Podría citar a la artista Yayoi Kusama, que nos dejó hace tan solo unas semanas, cuando dijo: «cada vez que he tenido un problema, lo he enfrentado con el hacha del arte». En mi caso, esa idea se complementa con un origen familiar muy claro. De mi padre heredé su pasión por la pintura y, después, mis estudios en el Liceo Artistico de Venecia consolidaron una vocación que me acompaña desde niño. Ha sido un camino con etapas muy alternas: momentos de dedicación casi completa a la creación y otros más volcados en los negocios. Pero el deseo de crear, ya sea una fotografía, un collage o, más recientemente, poesía, nunca ha desaparecido. Lo que sí ayuda a convertir las ideas en resultados es el método y la constancia.


Si hay un referente para mí en cuanto a talento y método es mi querido amigo y exprofesor de historia del arte, Vincenzo Patanè. Él quería ser escritor, y lo fue, conciliando esa pasión con otra profesión. Sus clases eran pura magia y me enseñaron que una vocación también puede encontrar su lugar dentro de una trayectoria compleja. Aquí en Madrid, donde llevo 19 años viviendo, tengo además amigos que forman parte de ese hilo: Berta Delgado, Carmen Isasi, Cinzia Newoman y Pedro Domínguez Zarandón, entre otros. A Pedro le debo algunos hitos de mi carrera. Él me animó a hacer el curso de comisariado con Margarita Aizpuru, que después derivó en mi dirección de la Sala Abierto en Theredoom. Menciono a estas personas porque son también quienes, en los momentos en que la montaña rusa profesional coge carrerilla de bajada, te ayudan a volver a mirar arriba.


Desde 2013, cuando empecé con el comisariado, he conversado con cientos de artistas y muchas veces he escuchado hablar de motivación y frustración como razones para plantearse dejarlo todo. Yo tampoco he sido ajeno a esos pensamientos. Pero es justamente esa parte de mí que sigue siendo un territorio indivisible: color, formas, fracasos, colaboraciones, pararse en plena calle para fotografiar la grieta de una pared o levantarse de la cama en plena noche para apuntar unas palabras. Momentos y emociones que siguen brotando, improvisada e instintivamente. Muchas veces coincidiendo con ciertas fases más oscuras y difíciles. Y ese es su encanto, tan frágil que, de repente, se transforma con la potencia de un volcán en erupción. ¿Abandonarlo? Imposible.

«Ha sido un camino con etapas muy alternas: momentos de dedicación casi completa a la creación y otros más volcados en los negocios. Pero el deseo de crear, ya sea una fotografía, un collage o, más recientemente, poesía, nunca ha desaparecido».

Foto © Berta Delgado

«Pararse en plena calle para fotografiar la grieta de una pared o levantarse de la cama en plena noche para apuntar unas palabras. (…) ¿Abandonarlo? Imposible».

– Tu relación con YANMAG también ha evolucionado. ¿Qué ha significado para ti formar parte de este proyecto durante tantos años?

Hubo una época en la que casi perdí la esperanza de crear una empresa. Pasé por experiencias amargas en las que mi visión de la gestión cultural no encajaba con la de otras personas. Y justo en esa fase empecé a trabajar con Berta Delgado y YANMAG. Cuando estás desmoralizado, dejas un margen de protección y te preguntas si lo que tienes delante será un espejismo. No lo fue.

Propuestas como 1 Artista 1 Día están siendo solicitadas dentro y fuera de España, y posiblemente estudiaremos de cara a 2027 cómo tejer lazos con Italia y, en particular, con Venecia. La revista, además, ya ha dado el salto a una visibilidad internacional: varios de los perfiles que publica residen fuera del país.


Pero si tuviera que resumir qué ha significado realmente esta relación para mí, elegiría una palabra: confianza. No solo confianza personal, sino profesional. Esa que se construye después de muchas horas de trabajo, conversaciones, revisiones y de aprender a respetar el criterio del otro. Hay una imagen que utilizo en un texto reciente sobre Berta que explica bien nuestra relación: la del gregario en el ciclismo. Un gregario protege a su compañero cuando lo necesita, pero nosotros nunca hemos ocupado un único papel. Hemos sido jefes de filas y gregarios según el momento. A veces toca impulsar una idea o asumir el protagonismo. Otras, apartarse, sostener al otro o detectar algo que se le está escapando.


Después de más de siete años, YANMAG no es solo una publicación con la que colaboro. Es una de las experiencias con las que más he comprobado que se puede construir algo junto a otra persona sin que ninguno tenga que dejar de ser quien es. Y quizá por eso, cuando pienso en todo lo que hemos hecho juntos, vuelvo siempre a algo que considero fundamental: encontrar a la persona adecuada para construirlo contigo.

– Has participado en proyectos como 8 x 8 (infinito x infinito), Fracasos Compartidos, 1 Artista 1 Día y el 10.º Aniversario de YANMAG. ¿Qué has aprendido de trabajar dentro de una estructura editorial y cultural como YANMAG?


He aprendido que necesitamos una dosis muy elevada de chocolate y, a ser posible, ¡de café espresso! (risas) Fuera de bromas, uno de los aspectos que más aprecio de su línea editorial es que no tiene miedo a la experimentación.


Cuando envié el artículo de 1 Artista 1 Día sobre Daniel Rabal Davidov, con ese formato de novela y planos temporales superpuestos e invertidos, pensé: «¿a ver si me lo dejan publicar?» Y sí: lo revisamos, reordenamos algunos párrafos y a Daniel también le gustó. Mis experiencias anteriores habían sido con Venezia News, donde escribí principalmente sobre teatro, y después con la Revista Tarántula Cultura, gracias a Luis Muñoz Díez, con quien empecé a escribir sobre artistas noveles, arte y cultura.
Con YANMAG di el salto a crear contenidos con mi propio sello, siempre acorde con la filosofía y estética de la revista.

La coordinación del décimo aniversario en el Círculo de Bellas Artes fue un reto organizativo y la ocasión de poner en práctica la formación del Máster en Dirección de Protocolo y Organización de Eventos, que cursé durante mi etapa en la Universidad Europea. Fueron meses de trabajo intenso junto al staff de YANMAG: invitaciones, equipos, cátering, comunicación y, por último, los regalos para los asistentes. Para eso propuse algo muy simple: que cada invitado se llevara una tarjeta escrita a mano por Berta. No estaba en el presupuesto ni hacía el evento más grande, pero semanas después seguía viendo esas tarjetas compartidas en redes, y en una conversación en Fundación Telefónica alguien todavía conservaba la suya. Ese tipo de detalle es, para mí, la otra mitad de cualquier iniciativa: pensar también en lo que queda después.

10.º Aniversario YANMAG en el Círculo de Bellas Artes de Madrid – Fotos © Carlotta Gambato


Fracasos Compartidos fue un buen ejemplo de lo que somos capaces de aportar a un acontecimiento de principio a fin: concepto, comisariado, elección de artistas, montaje site-specific en una habitación de hotel, comunicación y difusión. Y todo ello en una edición de Hybrid Art Fair celebrada en los últimos coletazos de la pandemia. No fue la primera vez que lo hacíamos -recuerdo con orgullo la exposición colectiva Resistencia Cromática en Appa Art Gallery-, pero sí una de las ocasiones en las que más hubo que combinar criterio y capacidad de reacción.

Fracasos Compartidos – Hybrid Art Fair – Fotos © Varinia Fuica y Berta Delgado
Resistencia Cromática – Appa Art Gallery – Fotos © Mario Domingo


En estos ya once años de actividad, esos valores siguen siendo los que más identifico con YANMAG: principios, atrevimiento, libertad de expresión y coherencia. Y todavía me resuenan las palabras de Valerio Rocco Lozano, director del Círculo de Bellas Artes de Madrid, durante el 10.º Aniversario, cuando habló de «una década de una publicación cada vez más importante en el panorama cultural español». Si en este tiempo he podido aportar algo, además de todo lo que he aprendido, no puedo estar más que satisfecho y agradecido. Y con la misma pasión de los primeros días, vamos a por la siguiente década.

«Con YANMAG di el salto a crear contenidos con mi propio sello, siempre acorde con la filosofía y estética de la revista».

Foto © Berta Delgado

«En estos ya once años de actividad, esos valores siguen siendo los que más identifico con YANMAG: principios, atrevimiento, libertad de expresión y coherencia».

– ¿Qué significa para ti crear alianzas? ¿Dónde termina una colaboración y empieza realmente un partnership?


Mira, hay un momento muy concreto que reconozco cada vez que ocurre. Dos personas, dos organizaciones, empiezan a hablar sin un punto de contacto aparente, casi en idiomas distintos. Y de repente aparece algo: una idea que ninguno traía preparada y que, sin embargo, encaja con una naturalidad sorprendente. Ese instante -el que no estaba en la agenda- es, para mí, el verdadero comienzo de una alianza. Todo lo anterior puede ser una reunión más, por muy bien preparada que esté.


Hace un tiempo organizaba una exposición de arte contemporáneo y necesitábamos un patrocinador. Lo fácil habría sido pensar únicamente en qué podía aportar una marca: cuánto presupuesto, cuánta visibilidad, cuánto nos convenía a nosotros. Preferimos empezar por la pregunta contraria: ¿qué podía aportar la exposición a la marca? Y de esa pregunta nació la colaboración con Jägermeister. No se trataba simplemente de servir un producto durante la inauguración, que es la versión perezosa de cualquier patrocinio. Diseñamos una experiencia en la que la marca formaba parte del evento de manera natural: fotografías Polaroid personalizadas para los asistentes, una acción integrada en el recorrido y un entorno en el que artistas, marca y público aportábamos algo. Jägermeister estaba presente, sí, pero no interrumpía la experiencia. La enriquecía.


Cuando ambas partes ganan de verdad, y no solo sobre un contrato bien redactado, la negociación deja de ser una concesión. Empieza a convertirse en algo compartido. Y ahí, exactamente ahí, es donde termina una colaboración puntual y empieza, de verdad, un partnership.

Carta al padre – Patrocinio Jägermeister – Fotos © Mónica de Solís


– Toda trayectoria tiene tropiezos. ¿Cuál recuerdas especialmente, y qué aprendiste de él?

Para mí la seguridad es un factor primordial, y cuando programo un evento -en particular acciones, performances u otras actividades que conlleven atrezzo o participación del público- intento visualizar qué factores de riesgo podría haber y qué imprevistos podrían desencadenar.


No se me va a olvidar en la vida el momento en el que unos artistas me dijeron que iban a usar un poco de pintura. Yo era el responsable del espacio, así que antes de dar el visto bueno pregunté cómo sería exactamente la acción. Me contestaron que se mancharían mutuamente con un poco de color. Mientras me lo explicaban, uno de ellos levantó el dedo índice, como si fuera un pincel, e hizo un par de gestos pequeños en el aire. Dos pinceladas, más o menos así de discretas. Pensé: «perfecto, esto lo llevo yo con una escoba y diez minutos».

Aun así, y no sé si por deformación profesional o por una intuición que a veces me avisa antes de que las cosas pasen, decidí forrar la sala entera con plástico. Por precaución, me dije. Una manía más.


El día de la performance descubrí que aquellas dos pequeñas pinceladas se habían convertido en cubos enteros de pintura volando de un lado a otro. Visualmente fue espectacular, de eso no tengo ninguna duda, y si hubiera estado allí solo como espectador probablemente habría sido de los que más disfrutó. Pero yo estaba allí como responsable del espacio y con otro evento programado apenas media hora después. El tiempo previsto para desmontar la sala acababa de dejar de existir.

Acción de pintura en la Galería Theredoom – Fotos © Eladio Bergondo y Andrea Perissinotto


Aquel día quedó patente algo que explica mejor que cualquier otra cosa cómo entiendo la gestión de proyectos: no suelen complicarse porque alguien haga mal su trabajo. Se complican muchas veces porque dos personas creen haber entendido exactamente igual, y no es así. El artista veía una acción. Yo veía dos pinceladas. Los dos teníamos razón y los dos estábamos completamente equivocados.


Desde entonces, cuando me describen algo que todavía no ha pasado, prefiero hacer una pregunta más de la que parece necesaria. Pedir un ejemplo, una referencia, una imagen: algo que me saque de mi propia interpretación. Invertir diez minutos antes, en lugar de media hora después con un plástico manchado de pintura y un evento a punto de empezar. Porque nunca vamos a poder preverlo todo, pero una buena planificación empieza mucho antes del plan B: comprobando que las dos partes estáis imaginando lo mismo.

– En tus proyectos culturales siempre ha existido una preocupación por conectar al público con las personas que están detrás de los proyectos. ¿Por qué es tan importante para ti esa conexión?

Hace siete años te conté la anécdota de un señor que entró en la galería, sujetando la puerta entreabierta, y me preguntó qué era aquello. Le dije que una galería de arte, y él contestó que pensaba que era un bar. Se quedó igualmente media hora, vio las dos exposiciones y hasta escribió una página entera en el libro de visitas. Aquella historia me sigue gustando porque resume algo que no ha cambiado en mí: la conexión con el público no empieza cuando alguien entiende una obra. Empieza cuando alguien se queda, aunque sea por error o por curiosidad.


Es más, te diría que esa conexión tiene un método, no solo una intención. Después de las entrevistas de 1 Artista 1 Día, suelo dibujar en una hoja en blanco, volcando en ella algunos apuntes que tengo en bruto, nuevas ideas, referencias de un diálogo, un intercambio de opciones, anécdotas… Los llamo mis Apuntes Visuales.

Apuntes Visuales de Andrea Perissinotto de las conversaciones con los artistas Alberto Muñoz y Daniel Rabal Davidov


No los dibujo solo para recordar lo que se dice, sino para comprender a mi interlocutor y también para que afloren conexiones entre disciplinas. Por ejemplo, Alberto Muñoz me habló de la importancia que reviste la poesía de Ren Hang (a quien habitualmente se le reconoce por su obra fotográfica) en el ciclo de acuarelas que presentó en la individual titulada Una línea está separando el mundo en dos. Ese mismo gesto -intentar comprender antes que volcarme de lleno en la escritura del artículo- es lo que después traslado al texto. Y es lo que espero que el lector sienta cuando lo lee: no una ficha técnica, sino el rastro de un vínculo real.

Andrea Perissinotto conversando con el artista Alberto Muñoz en su exposición Una línea está separando el mundo en dos – Fotos © Berta Delgado


Por eso, cuando planifico una exposición, la pregunta que más me obsesiona no es qué obra va en cada pared. Es dónde va a pasar la conversación. En 2022, comisariando Fracasos Compartidos durante la Semana del Arte de Madrid, esa pregunta se volvió literal: transformamos uno de los baños del hotel donde se celebraba la feria en un lugar de encuentro. Instalamos un columpio e incorporamos un libro de artista colectivo para que quien pasara por allí pudiera dejar algo escrito, no solo leer. Personas que no se conocían terminaron compartiendo experiencias que normalmente no se comparten con un desconocido, y visitantes que habían entrado por curiosidad se quedaron mucho más tiempo del previsto.

Fracasos Compartidos – Hybrid Art Fair – Fotos © Varinia Fuica


En el texto comisarial que escribí para aquel trabajo decía que no se trataba tanto de definir quiénes eran los vencedores y quiénes los vencidos, sino de acompañarnos los unos a los otros. Que es la razón por la cual realmente me importa tanto que se generen esas conexiones. Porque una iniciativa cultural que no logra que el público sienta a la persona que hay detrás, por bien resuelta que esté sobre el papel, se queda a medias. Y porque, en el fondo, sigo pensando lo mismo que pensaba con aquel señor en la puerta de la galería: da igual por qué entra alguien. Lo que importa es qué le hace quedarse.

«La conexión con el público no empieza cuando alguien entiende una obra. Empieza cuando alguien se queda, aunque sea por error o por curiosidad».

Foto © Berta Delgado

«Una iniciativa cultural que no logra que el público sienta a la persona que hay detrás, por bien resuelta que esté sobre el papel, se queda a medias».


– Actualmente estás trabajando en un nuevo proyecto llamado La Persona Adecuada. ¿Qué problema quieres abordar con él?

Hace unos meses, en una tienda cercana a mi casa que cerraba por la jubilación de sus dueños, compré una prenda y, casi sin buscarlo, rescaté un conjunto de tarjetas navideñas antiguas. Nada más verlas supe que aquel material tenía que convertirse en otra cosa. Ese es, literalmente, el origen del proyecto postal La Persona Adecuada. Con él pretendo provocar sorpresa y curiosidad en un determinado número de profesionales e instituciones.

Pero el problema que quiero abordar empezó a tomar forma mucho antes de encontrar esas tarjetas, y tiene que ver con un principio que llevo sosteniendo toda mi carrera en desarrollo de negocio: entender antes de proponer. Antes de intentar convencer a nadie de nada, hay que descubrir qué está intentando resolver de verdad esa persona o esa organización. Y si aplico la misma lógica a la búsqueda de talento y de oportunidades, aparece una pregunta curiosamente compartida: quien busca empleo y quien busca a la persona adecuada suelen preguntarse, en el fondo, por qué no consiguen encontrarse.

Por eso decidí no responder a esa pregunta con un CV más. Un CV afirma capacidades. Yo quería algo que las pusiera en escena, que demostrara con su propia ejecución, y no con una lista de adjetivos, que sé conceptualizar, producir, coordinar y convertir una idea en algo concreto. Ahí es donde el hallazgo de esas tarjetas dejó de ser una anécdota y se convirtió en la pieza central de este dispositivo: continúa con unas obras de arte originales y únicas -unos sobres intervenidos- y se entrega por correo postal, tras un proceso de identificación de destinatarios que incluye todas las fases de una prospección real y desarrollo de negocio, tal y como podría ocurrir en cualquier empresa.

Work in progress y sobres del proyecto La Persona Adecuada de Andrea Perissinotto – Fotos © Cinzia Newoman y Andrea Perissinotto


Es más, llevo años comprobando que las oportunidades casi nunca empiezan cuando existe una vacante. Empiezan mucho antes, en un gesto que no calcula ningún retorno: presentar a dos personas, compartir un contacto, ayudar sin preguntarte qué vas a recibir a cambio. También me gusta pensar que el valor de una red profesional no está en cuántos contactos tiene, sino en cuántas conversaciones de verdad genera. La Persona Adecuada nace de esas dos convicciones. Tiene un propósito claro, aunque no un desenlace escrito, y es, sobre todo, el inicio de una conversación. Lo que ocurra después de que alguien abra su sobre es, precisamente, la parte que todavía estoy escribiendo.


– Después de casi veinte años de carrera en España, ¿qué tipo de proyectos te gustaría construir ahora?

Esto de «casi veinte» me da «casi miedo» (risas). Pero bueno, se han pasado volando y han dejado una estela de emociones tan fuertes que volvería a tomar ese primer vuelo Venecia-Madrid, ahora mismo. En los primeros años en España, claramente pensaba en un sector concreto: más exposiciones, más comisariados, quizá un espacio propio. Hoy te contestaría distinto, y no porque haya perdido el interés por la cultura, sino porque ha cambiado lo primero que me planteo antes de decir que sí a algo. Ya no me pregunto tanto de qué sector viene lo que tengo delante. Me pregunto qué puedo aportar yo y cómo puedo conectar personas, ideas y oportunidades que, de otro modo, no se habrían cruzado.

«En los primeros años en España, claramente pensaba en un sector concreto: más exposiciones, más comisariados, quizá un espacio propio. Hoy te contestaría distinto, y no porque haya perdido el interés por la cultura, sino porque ha cambiado lo primero que me planteo antes de decir que sí a algo».

Foto © Berta Delgado

«Ya no me pregunto tanto de qué sector viene lo que tengo delante. Me pregunto qué puedo aportar yo y cómo puedo conectar personas, ideas y oportunidades que, de otro modo, no se habrían cruzado».


Porque hay dos formas de liderar, y para mí no son excluyentes: puedo moverme entre ambas sin que ninguna me defina por completo. Está el Andrea que convoca: el que reúne a veinte, a cuarenta, a más de cien artistas alrededor de una idea y cuyo trabajo consiste en crear las condiciones para que cada uno dé lo mejor de sí. Ese es el gesto que más se ve desde fuera.


Pero está también el otro Andrea, el que puede asumir el impulso y la responsabilidad de una iniciativa, desde la idea primigenia hasta el último detalle, y llevarla adelante con autonomía, coordinándose con quienes sea necesario en cada momento. La Persona Adecuada es ahora mismo un testimonio de eso y lo he vivido casi como un atleta de fondo: con una única meta y la voluntad de llegar hasta el final. Mi premio no iba a ser la medalla, sino la conciencia de haber completado el maratón. Cuando tuve dudas por el camino, volví a unas palabras del publicista George Lois que tengo muy presentes: «Es mejor ser temerario que cuidadoso. Mejor ser audaz que estar a salvo. Mejor que tu trabajo sea visto y recordado».


Así que quiero impulsar iniciativas en las que puedan coexistir esos dos registros. Con la ambición suficiente para necesitar un equipo que crea en ellas y con el máximo compromiso para asumir los retos que puedan surgir y aportar todo lo que esté en mi mano para llevarlas adelante. Esa combinación, más que cualquier sector concreto, es lo que de verdad me sigue interesando construir.

– Si volviéramos a sentarnos dentro de otros siete años, ¿qué te gustaría que hubiera ocurrido entre aquella entrevista de 2019 y esa futura conversación?


Antes de contestarte, he releído lo que dije en aquella entrevista de 2019. Allí hablaba de mi deseo de llegar a exponer algún día en el pabellón de España en la Bienal de Venecia, y de que mi arte buscaba «llegar al núcleo de las emociones, para despertar la curiosidad y devolver al público un escalofrío». Y también estaba la ilusión de tener una entrevista en YANMAG, algo que ya se había cumplido esa misma tarde.


Siete años después, uno de aquellos dos deseos ha cambiado de forma sin desaparecer. Ya no sueño tanto con exponer yo en Venecia como con llevar hasta allí a los artistas con los que trabajo. Y la entrevista en YANMAG tampoco terminó aquel día. Se convirtió en esto: en volver a sentarnos siete años después y en la posibilidad de que dentro de otros siete volvamos a hacerlo.


Si me preguntas qué me gustaría que hubiera ocurrido para entonces, no pienso tanto en un cargo ni en una cifra. Pienso en lo que haya hecho, no por su tamaño, sino por si me habrá sacado lo mejor de mí, que es la medida que de verdad he aprendido a usar desde que, a los catorce años, elegí estudiar en un Liceo Artistico en lugar del camino que parecía más razonable. Y pienso también en las personas. Me gustaría llegar a esa conversación con el mismo orgullo con el que cerré mi etapa en EAE hace apenas unos meses: el de haber contribuido a crear algo junto a otros, y con la ilusión intacta de seguir haciéndolo.

Y hay una imagen final que me gusta más que cualquier objetivo concreto. La Persona Adecuada nació como un juego de palabras, pero cuanto más vivo con ella, menos me parece un juego. Porque, al final, de eso se trata todo lo que he contado en esta entrevista: encontrar, una y otra vez, a las personas adecuadas para construir algo juntos. Si dentro de siete años seguimos haciendo eso, tú y yo, y todos los que han aparecido en esta conversación, entonces habrá merecido la pena.

«Encontrar, una y otra vez, a las personas adecuadas para construir algo juntos».


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Entrevista de Andrea Perissinotto en YANMAG (2019)

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