«La literatura para mí siempre fue un refugio».
Jorge Matías es escritor y obrero del metal. Su primer libro, Vinagre, no ha dejado indiferente a los lectores: un relato autobiográfico sobre su pasada adicción al alcohol, un punto de vista poco habitual en la literatura española ya que aborda la rehabilitación desde la perspectiva de un trabajador de clase obrera. Su último libro, La frontera azul, también pone en el centro la cuestión de clase y muestra el ecosistema de un barrio obrero de Alcalá de Henares en Madrid, con personajes a caballo entre la realidad y la ficción de los que imagina sus vidas.
Es también autor de columnas de opinión, reseñas literarias, crítica cinematográfica, artículos sobre crímenes reales y hasta crónicas de espectáculos, ha colaborado con La Huella Digital, La Voz de Asturias, ElDiario.es, La Marea y Jot Down.
Jorge Matías se está abriendo hueco dentro del panorama literario nacional y su voz despierta cada vez más interés.
– ¿Cuándo te empezó a interesar la literatura y en qué momento decidiste que querías dedicarte a escribir?
Desde que aprendí a leer. En casa había muchos libros y desde muy pequeño empecé a leer novelas y cómics. Siempre quise dedicarme a escribir. Es una obsesión que ha gobernado mi vida y lo único que he querido ser realmente. No recuerdo ningún momento en el que no tuviera esto claro. Ha sido, quizá, lo único constante en mi vida.
«Escribir es una obsesión que ha gobernado mi vida y lo único que he querido ser realmente».
«No recuerdo ningún momento en el que no tuviera esto claro. Ha sido, quizá, lo único constante en mi vida».
– ¿Qué es la literatura para ti y qué autores/as son referentes para ti?
La literatura para mí siempre fue un refugio. A veces prefiero sumergirme incluso en mundos peores que el mío para huir. En los momentos difíciles siempre tuve un libro a mano. La literatura también es pensar este mundo a través de otros.
En cuanto a autores, no sé hasta qué punto me han influido directamente, pero hay un cóctel un poco delirante de todos ellos que me acompaña cuando escribo, aunque no se noten. J. G. Ballard, William Burroughs, Cervantes, Borges, Javier Tomeo, Delibes, Defoe, Victor Hugo, es una lista casi interminable y un poco extraña, quizá, porque en ella salen autores que no pegan mucho entre sí, pero soy un lector obsesionado y desordenado, ambas cosas, y todo esto bulle en mi cabeza, si bien no sé hasta qué punto influye en mi escritura. Cada uno de ellos está por alguna razón, como Burroughs, que es un escritor que en realidad no sé si me gusta, es solo que lo descubrí siendo muy jovencito y por primera vez comprendí que se pueden escribir según qué cosas y describir todo tipo de locuras y hasta pasarme de frenada haciéndolo. Me gustan los escritores como él porque hicieron lo que les dio la real gana en cada momento de su vida.
«La literatura para mí siempre fue un refugio. A veces prefiero sumergirme incluso en mundos peores que el mío para huir».
«En los momentos difíciles siempre tuve un libro a mano. La literatura también es pensar este mundo a través de otros».
– Eres autor de Vinagre, un libro autobiográfico sobre tu pasada dependencia del alcohol. ¿Cuál fue el detonante para escribir tu historia y qué ha supuesto para ti personal y profesionalmente este libro?
El detonante fue la inaguantable llorera de las clases medias y de ahí para arriba sobre sus adicciones. Me di cuenta de que ningún adicto que yo conociera, a través de los libros o cualquier otro medio, pertenece a mi clase social. Todos esos testimonios de gente que triunfa al dejar de consumir están muy bien, pero no son realistas. La mayoría de la gente sigue siendo lo que fue antes de consumir. Es posible, incluso, que cuando deje el consumo su vida sea irrecuperable como la conocía. Un adicto de clase trabajadora no puede pegarse el lujo de ir a una clínica a desintoxicarse varios meses porque perdería su trabajo y estaría marcado para siempre, pero fundamentalmente porque no se lo puede pagar. Llevamos la adicción en silencio. Como soy un descerebrado, decidí dar la cara y contar mi historia. A un adicto de clase trabajadora esto le penaliza, mucho. A un adicto con posibles le beneficia, demasiado.
– ¿Qué reacciones provoca este libro y por qué resulta tan incómodo para mucha gente y para las instituciones, como por ejemplo, la Comunidad de Madrid?
Es un libro incómodo porque pone ante el espejo con cierta naturalidad a mucho adicto que, quizá, en el fondo, sabe que tiene un problema. También a aquellos consumidores que no creen tenerlo. Es incómodo, también, porque conscientemente pretendía ocupar un lugar que no me corresponde porque las clases bajas de este país no tienen voz y deben conformarse con lo que cuenten las clases medias.
El PP de la Comunidad de Madrid vetó mi comparecencia en la Asamblea de Madrid porque no querían que les dijera cuatro cositas sobre su promoción constante del abuso de alcohol, que es en lo que se basa buena parte la economía madrileña. Al parecer, en la CAM hacen una distinción entre drogas legales e ilegales, distinción que carece de cualquier rigor científico y que todo especialista arrojó a la papelera hace décadas y utilizaron esa clasificación anticientífica para vetarme. No es para menos, nuestra presidenta ha negado públicamente que el alcohol sea una droga. Imagino que en cuanto se informaron de quién soy decidieron vetarme, era evidente que iba a dar que hablar y que quizá mi intención estaba lejos de ser amigable con la bebida.
«Vinagre es un libro incómodo porque pone ante el espejo con cierta naturalidad a mucho adicto que, quizá, en el fondo, sabe que tiene un problema. También a aquellos consumidores que no creen tenerlo».
«Es incómodo, también, porque conscientemente pretendía ocupar un lugar que no me corresponde porque las clases bajas de este país no tienen voz y deben conformarse con lo que cuenten las clases medias».
– En tu newsletter La Lepra emocional te planteas si es posible que haya celebraciones sin alcohol, dices: «Muchos alcohólicos vivimos la adicción solos y después, si nos rehabilitamos, tenemos que sobrevivir en un entorno muy difícil en el que el alcohol es el rey de cualquier mínima celebración o acontecimiento. A veces ni siquiera tiene que haber nada de esto para que a tu alrededor la gente se sumerja en alcohol y te lance miradas reprobatorias». ¿Por qué se entiende que se puedan dejar otras drogas pero nunca el alcohol?
Es un efecto debido a la aceptación del consumo de alcohol y lo extendido que está su consumo al ser una droga legal. Pero hay algo curioso, existe otra droga legal que, cuando la dejas, todo el mundo te felicita: el tabaco. El alcohol ha logrado, gracias a la industria, su publicidad, los gobiernos y algunos mercenarios de la salud, colocarse al margen de cualquier droga, siendo como es la más consumida y destructiva de todas en nuestra sociedad. Todo el mundo te felicita si dejas la cocaína, pero la gente se extraña si dejas el alcohol. Es un asunto cultural muy bien manejado desde la industria y hasta nuestros gobiernos.
– Recientemente has publicado La frontera azul en la editorial Altamarea, sobre el barrio obrero el Lianchi, en Alcalá de Henares, en el que creciste. ¿Qué ocurre cuando naces en un barrio como este y de qué manera has querido hablar de él en el libro?
Cuando creces en un lugar como el Lianchi, ves que todas las ilusiones que tienes en la vida, como ser escritor en mi caso, o cualquier cosa que no sea doblar el lomo hasta la extenuación, jamás se cumplirán. No es que veas ese horizonte como una posibilidad, se cumpla o no, es que llega un momento en el que sabes que nadie te va a escuchar y que tienes todas las puertas cerradas porque no tienes herencia, no tienes contactos, no tienes nada. Los que quieren evitar acabar destruidos por trabajos duros a los cincuenta años, se ponen a vender mandanga, es un camino lógico y muy comprensible. Nadie quiere trabajar en los peores sitios bajo las peores condiciones cobrando los peores salarios. Por supuesto, hay gente que es capaz de sacar sus proyectos de vida, pero me atrevo a decir que la mayoría de la gente allí no puede hacerlo y no es por falta de talento, es por falta de dinero y de inversión pública. Estás condenado por haber crecido allí y eso es terriblemente injusto.
En La frontera azul he tratado de retratar el barrio y las gentes que conocí a lo largo de mi vida en él, he imaginado sus entrañas y las he intentado plasmar con honestidad y cariño pero sin vergüenza ni orgullo. He descrito un barrio y las consecuencias de pertenecer a él y lo he hecho prescindiendo del endulzamiento que suele acompañar a muchas obras literarias que retratan realidades marginales. La gente que peor lo ha hecho y que peor lo ha pasado es la gente que merece las mejores palabras. Intento que la gente fuera de un entorno así entienda que aquellas personas a las que miran con desprecio, tienen los mismos anhelos que los demás, tienen ilusiones y necesidades y son tan humanos como cualquiera.
«En La frontera azul he tratado de retratar el barrio y las gentes que conocí a lo largo de mi vida en él, he imaginado sus entrañas y las he intentado plasmar con honestidad y cariño pero sin vergüenza ni orgullo.»
«La gente que peor lo ha hecho y que peor lo ha pasado es la gente que merece las mejores palabras».
– ¿Por qué la nostalgia de la vida de los años 80 y 90 impregna muchos artículos y libros en este momento y qué sensaciones te provoca?
La nostalgia es reaccionaria, especialmente cuando miras quién escribe según qué artículos nostálgicos y descubres con estupor que en el año 2000 ni siquiera eran adolescentes. La nostalgia en artículos y libros es política, tiene una intención política muy descarada, por eso mi libro La frontera azul también lo es en parte, con la diferencia de que mi libro no es nostálgico y pretende destruir esta ola reaccionaria de nostálgicos que, por cierto, ignoran por completo que los 80 y 90 no eran más seguros ni más bonitos ni nada, en muchos aspectos fueron una época espantosa cuyas consecuencias todavía estamos pagando. Leer a toda esta gente es un insulto porque deliberadamente ocultan que esa época que reivindican tiene una cara muy oscura y terrible.
– ¿Cómo es tu proceso de trabajo cuando estás dedicado a escribir un libro?. Hablando de temas tan personales, ¿cómo te afecta emocionalmente?
Es difícil, en el caso de Vinagre, porque toca escarbar en recuerdos delicados y a veces es complicado enfrentarse a ellos, pero tampoco soy un escritor que se torture mientras escribe. A veces leo a otros escritores hablando de esto y me da un poco de risa. Yo disfruto con lo que hago, me gusta escribir. Mi primer libro es un libro autobiográfico y decidí conscientemente ponerme en el centro de la diana, sacar las tripas en sus páginas, porque sé que no es habitual que una persona de clase baja hable así de su adicción. En España esto no ocurre, vaya. En el caso de La frontera azul, si bien hay personas que existieron y sucesos que ocurrieron, aunque es un libro lleno de verdad, es también un libro de ficción, he imaginado el interior de muchas personas y he contado historias que pretenden ofrecer al lector un puzle completo de una zona marginal y para eso he recurrido a personas, objetos y animales que mantengo en mi recuerdo. Aunque me es muy cercano todo en este último libro, me he alejado bastante de Vinagre porque ya no hablo de mí ni pretendo hacerlo. Afecta emocionalmente porque he vivido muchas historias así, he visto lo que he visto y he crecido en el Lianchi y sentía, cuando me senté a escribirlo, que tenía que hacerlo con el respeto que se merecen todos sus habitantes. Siento una responsabilidad hacia mi viejo barrio y endulzarlo hubiera sido una falta de respeto.
Mientras escribo, cuando tengo la idea más o menos esquematizada y ordenada en libretas y notas del móvil, simplemente escribo. Puedo tardar más o menos porque soy un poco obsesivo y retoco cada párrafo hasta quedar satisfecho, depende de cómo tenga el día. No tengo un horario, escribo cuando puedo, aunque puedo pasar muchas horas seguidas escribiendo sin darme cuenta y me resulta muy absorbente. A veces hasta se me olvida cenar, pero merece la pena, ya cenaré otro día.
«Mi primer libro es un libro autobiográfico y decidí conscientemente ponerme en el centro de la diana, sacar las tripas en sus páginas, porque sé que no es habitual que una persona de clase baja hable así de su adicción. En España esto no ocurre, vaya».
«En el caso de La frontera azul, si bien hay personas que existieron y sucesos que ocurrieron, aunque es un libro lleno de verdad, es también un libro de ficción, he imaginado el interior de muchas personas y he contado historias que pretenden ofrecer al lector un puzle completo de una zona marginal y para eso he recurrido a personas, objetos y animales que mantengo en mi recuerdo».
– Para publicar tus dos libros has elegido dos editoriales independientes, Yonki Books y Altamarea, ¿cómo ha sido la experiencia y qué las diferencia de las grandes editoriales?
Más bien ellas me eligieron a mí. Ha sido una experiencia positiva porque el trato es cercano y me han hecho sentir cómodo. En ambos casos fue una sorpresa para mí que se interesaran por lo que escribo y soy consciente del paso que he dado de una editorial pequeña a otra más grande, pero mi experiencia está siendo estupenda porque hace apenas cuatro años ni siquiera albergaba ya la ilusión de verme en librerías. Hay gente en el mundo editorial que no tiene prejuicios y han decidido apostar por alguien como yo, que lo tenía todo en contra. No puedo estar más agradecido.
– ¿De qué te sientes más orgulloso en este momento de tu vida?
Siempre digo que no siento vergüenza ni orgullo. Sí que puedo decir que en este momento, pase lo que pase con mi vida, estoy satisfecho porque he logrado hacer lo que siempre quise hacer, lo único que realmente me ha acompañado toda mi vida es leer y escribir, para mí nunca fue un pasatiempo, es de lejos lo más importante que tengo y comprobar que todas las horas que he pasado frente a un folio y frente al ordenador han merecido la pena, es algo bastante increíble para alguien como yo. Nadie me esperaba aquí porque las personas como yo no estamos llamadas a ver lo que escribimos publicado y nadie quiere saber nada de nosotros, y yo he llegado. Tarde, como hacemos los pobres, pero hoy nadie me puede reprochar nada y cuando acudo a una librería y veo mis libros en ella, soy consciente de que he dado un paso de gigante para alguien que tiene problemas de espalda por haber pasado media vida pintando casas.
«lo único que realmente me ha acompañado toda mi vida es leer y escribir, para mí nunca fue un pasatiempo, es de lejos lo más importante que tengo»
«Nadie me esperaba aquí porque las personas como yo no estamos llamadas a ver lo que escribimos publicado y nadie quiere saber nada de nosotros, y yo he llegado».
– ¿Con qué medios de comunicación te gustaría trabajar y qué querrías aportar en ellos?
Con cualquier medio, siempre y cuando me dejen expresarme. Lo que puedo aportar es puntualidad, seriedad y, seguro, muchas visitas. Y desde luego, una perspectiva de clase que es muy escasa en España y que produce alergia incluso a medios progresistas. Pero sé que hay mucha gente que desea leer a personas que no hayan vivido entre algodones, que desean no verse asfixiados por gente que está muy por encima de ellas social y económicamente. A buen seguro, sé que puedo aportar una diferencia sustancial y, aunque esté feo que yo lo diga, una singularidad dentro de los medios que tenemos.
– ¿Qué consejo darías a una persona que quiera iniciarse en la escritura?
Que lea y que escriba mucho. Que no arroje la toalla. Que no se deje llevar por las modas literarias. Que siga su camino en ese sentido. Puede que nunca obtenga frutos, pero se sentirá peor si abandona la escritura. No importa lo que digan, el único camino es persistir. Incluso en los momentos en los que menos sentido te parece que tiene lo que haces, incluso en momentos en los que piensas que no vas a ninguna parte, hay que persistir porque lo que espera el mundo de ti es que desistas. Hay que molestar. La literatura tiene que molestar.
«Que no se deje llevar por las modas literarias. Que siga su camino en ese sentido. Puede que nunca obtenga frutos, pero se sentirá peor si abandona la escritura. No importa lo que digan, el único camino es persistir».
«Hay que molestar. La literatura tiene que molestar».
– ¿Cómo es tu tiempo cuando no trabajas?
Mi tiempo libre es bastante tranquilo. Leo mucho, miro películas y series o doy paseos sin rumbo. Escucho mucha música. A veces subo al autobús que primero pasa cerca de mi vivienda y dejo que me lleve donde sea y me bajo en cualquier sitio y observo. Juego con mi gata. Hablo con ella y me responde. A veces, simplemente me siento a pensar. Ya he tenido una vida muy estridente y llena de excesos, y eso en el fondo nunca fue conmigo. Soy una persona bastante tranquila y quizá un poco sosa, leo mucho, pienso mucho e intento ser amable con los demás.
– Un deseo que te gustaría se hiciera realidad.
Tal vez una serie sobre alguno de mis dos libros. Más que un deseo, es un sueño. Sé que el material es duro, pero creo que sería satisfactorio. Puestos a soñar, no quiero tener ningún límite.
«una serie sobre alguno de mis dos libros. Más que un deseo, es un sueño».
«Puestos a soñar, no quiero tener ningún límite».
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Newsletter – La lepra emocional
Vinagre – Editorial Yonki Books
La frontera azul – Editorial Altamarea
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