Valentín Sama – Especialista en materiales fotográficos, docente y fotógrafo

 

Valentin Sama. Especialista en Materiales Fotograficos, Docente y Fotografo. Foto: Berta Delgado. YanMag

 

«El acto de fotografiar es algo eminentemente solitario»

 

Valentín Sama es especialista en materiales fotográficos, docente de fotografía y fotógrafo profesional. Desde hace mucho tiempo es una referencia en la profesión en nuestro país y fuera de nuestras fronteras, razón por la cual ha recibido recientemente un homenaje y una muestra de su trabajo fotográfico en la Facultad de Bellas Artes de la UCM.

Fundador de la revista impresa FV y la digital Albedo Media, crítico experto sobre los materiales fotográficos, cámaras y lentes, ha viajado por todo el mundo asistiendo a ferias y conociendo los avances de cada marca.

Los alumnos que han tenido la suerte de asistir a sus clases en la Facultad de Bellas Artes y la Escuela EFTI han podido descubrir la historia de la fotografía, sus herramientas, sus materiales y la profesión bajo un punto de vista diferente. Cada detalle técnico, incluso el más complejos y árido se convierten, gracias a él, en motivo de interés al ser acompañados de una anécdota, muchas de ellas relacionadas con su propia vida o su trabajo fuera de las clases.

Un guía fundamental y generoso para sus estudiantes para adentrarse en el complejo mundo de la fotografía.

Conversar con Valentín Sama es un placer: un profesional cercano, con gran sentido del humor y siempre elegante en sus gestos y palabras.

 

 

– Eres experto en historia de los materiales fotográficos, docente, editor, óptico y también fotógrafo ¿en qué faceta profesional te has sentido más cómodo?

 

Prácticamente todas esas actividades las he simultaneado en el tiempo, y más concretamente la de fotógrafo profesional, óptico, docente y editor…¡era una época trepidante en la que todo nos parecía posible y lo era, si de verdad sentías pasión por lo que hacías!

En mi caso, además, todas esas actividades se interconectaban en torno a mi formación como óptico.
Actualmente, añoro en ocasiones mi labor como tal: trabajaba en un centro altamente especializado, en el que –en equipo– resolvíamos casos muy difíciles y el aspecto humano de ese trabajo era muy gratificante.

Pero creo que es las facetas de docente y editor en las que más cómodo me he sentido y todavía me siento.

La actividad como fotógrafo profesional –que hace mucho que no realizo– me proporcionó algunos buenos ingresos, pero sobre todo me permitió crear los cimientos para realizar una docencia basada en la experiencia real, en todas sus facetas. Por eso, aunque el trato con los clientes constituía la parte más oscura, valoro también mucho esa parte de mi experiencia profesional.

Otro tanto puede decirse del mundo de la historia de los materiales fotográficos: siempre se estudia la Historia de la Fotografía a través de los autores, y sin embargo la obra de estos dependía enteramente de la tecnología disponible.

 

 

Valentin Sama. Especialista en Materiales Fotograficos, Docente y Fotografo. Foto: Berta Delgado. YanMag

«Las facetas de docente y editor en las que más cómodo me he sentido y todavía me siento»

 

 

– En tu familia había un gusto especial por la fotografía ¿cómo se vivía ese interés? ¿cuándo tuviste tu primera cámara?

Mi abuelo paterno, Valentín Sama López –al que no conocí– era, además de médico, un aficionado extremadamente avanzado. Coetáneo de Ramón y Cajal, al igual que éste exponía y revelaba sus propias imágenes en color –¡en 3D! desde el año 1910. Se trataba de las placas Autocromas de los hermanos Lumière.

En palabras de mi padre -que también hacía fotografía familiar con cierta regularidad- refiriéndose a mí, …«eres tan caprichoso como tu abuelo, y siempre andas tras adquirir la última novedad fotográfica».

Mi primera cámara –hacia 1955– fue una Kodak Vest Pocket Autographic, una pequeña «folding» para rollos 127, del año 1914 aproximadamente; había sido utilizada profusamente por mi madre en su juventud para fotografiar su entorno: personas, animales, barcos y escenas de viajes.
Se trataba de un aparato muy sencillo –que aún conservo funcionalmente– con tiempos de exposición de 1/50s, 1/25s, «B» y «T».
Luego, ya más adelante, me dejaron usar «la cámara buena de la familia», una Kodak Retina Ib, una cámara para película de 35 mm, con óptica y obturador ya avanzados; un aparato de enfoque manual y sin exposímetro.

Esas dos últimas características – o más precisamente, la falta de ellas– son las que me permitieron llegar a entender temas tales como la profundidad de campo, el enfoque por estimación y el ajuste «a ojo» de la exposición…que no es sino saber «ver la luz».

 

– ¿Cuál fue tu primer proyecto fotográfico?

No deja de tener su ironía el hecho de que mi primer proyecto fotográfico…no llegase nunca a término (risas).

Hacia 1958, un grupo de tres amigos decidimos «hacer» un libro sobre trenes, nuestra pasión de entonces, con unos doce años de edad. Para ello, teníamos que hacer fotografías de locomotoras, vagones… Y ese fue el arranque de la necesidad de aprender a hacer fotografías; para poder ilustrar un libro que, como puedes imaginar, nunca llegó a existir.

Pero creo que ese primer proyecto fue la base de mi cariño por la «fotografía aplicada», una forma de fotografiar con un fin técnico y descriptivo muy concreto. Una fotografía «de encargo». En este caso, «de autoencargo». Y por cierto: llegamos a realizar bastantes fotografías…

 

 

«Fue la base de mi cariño por la «fotografía aplicada», una forma de fotografiar con un fin técnico y descriptivo muy concreto»

 

Valentin Sama. Especialista en Materiales Fotograficos, Docente y Fotografo. Foto: Berta Delgado. YanMag

 

«La actividad como fotógrafo profesional me permitió crear los cimientos para realizar una docencia basada en la experiencia real»

 

– ¿Qué significó para ti conocer los materiales Kodachrome y Cibachrome?

Mi primer rollo de película en color fue un Kodachrome, un material para diapositivas que tenía una sensibilidad de… ¡11 ISO! (entonces 11 ASA). Recuerdo todavía que mi primera toma la realicé a 1/60 de segundo a f/4 a pleno sol.
Después, guiado por mi curiosidad, flirteé con todo lo habido y por haber, para volver definitivamente al Kodachrome, ya en versiones de 25, 64 y 200 ISO, y ello hasta que se dejó de comercializar y revelar.

De hecho puedo comentar que, tal como yo lo veo, el famoso «último rollo de Kodachrome de Steve McCurry» es –en sentido estricto– una suerte de «cuento chino»: la razón no es otra que los rollos individuales se empalmaban para procesar en largos rollos de al menos 100 metros por tanda.
Personalmente sí que tuve un rollo de Kodachrome en una de esas últimas tandas…

Pero el Kodachrome ofrecía no sólo la máxima acutancia para una sensibilidad ISO dada, sino además, una permanencia en el tiempo del color insuperable.

Los que no han tenido ocasión de emplear el Kodachrome suelen equivocarse al hablar de su paleta de color: no era muy saturada como suele afirmarse.
Se conformaba en torno a una mezcla de colores muy limpios –salvo el verde– acompañados de los negros más profundos que puedas encontrar en una diapositiva en color, sumados a un contraste elevado con una mínima latitud de exposición. Era un color… Kodachrome.

Una paleta de color tan carismática que algún que otro fabricante de cámaras digitales japonesas trata de emular –como opción de ajuste– bajo nombres tales como «Classic Chrome»…

Lo del Cibachrome, es una historia en sí misma. Cuando, por medios extranjeros, descubrí hacia 1977 que existía un material que permitía obtener ampliaciones positivas en color a partir de diapositivas ofreciendo la única «calidad de archivo» museística de la época, decidí que debía aprender a utilizar ese material.

Puesto que en España era totalmente desconocido y no se importaba, cogí mi fiel Seat 1430 y en unión de Eduardo Bueso como copiloto me planté en Ginebra para comprar mis primeros «packs» de papel (poliéster, en realidad) y productos químicos para su procesado.

Aunque ya antes había copiado negativos en color –sobre papel en color nada menos que baritado– lo del Cibachrome era un reto nuevo.
Pronto descubrí que su contraste era muy elevado y a ello se sumaba que por mi parte empleaba una magnífica ampliadora Besseler 23 CII, con una dura luz de condensadores; esos factores, unidos al contraste del propio Kodachrome hizo que entrásemos en rumbo de colisión.

Ello no dejó de ser afortunado, pues la dificultad de alcanzar un buen positivo me hizo dominar el copiado sobre Cibachrome. Baste decir que una copia estándar mía llevaba hasta 17 zonas distintas de exposición, aplicadas con máscaras recortadas en cartulinas negras y cosidas con grapas. Todo el proceso se hacía en oscuridad absoluta, hasta insertar la hoja a procesar en un tanque.

El resto –en tres pasos químicos– se hacía en un tambor rotativo ya a la luz del día. Con esa técnica hice mi primer exposición en color para la galería Spectrum de Zaragoza, junto con fotos también de Luisa Rojo –mi esposa entonces– cuyas copias en Cibachrome positivé y procesé yo exclusivamente.

No se vendían muchas fotos en aquella época, y debo confesar que cuando vendía alguna, casi me daba pena desprenderme de ella…¡tal era el trabajo de llevaban!

De hecho, mi experiencia con el Cibachrome tiene bastante relación con mis principios como docente: me comenzaron a llamar de agrupaciones fotográficas y escuelas para dar talleres de copiado sobre ese material tan especial.

 

 

«Mi experiencia con el Cibachrome tiene bastante relación con mis principios como docente: me comenzaron a llamar de agrupaciones fotográficas y escuelas para dar talleres de copiado sobre ese material tan especial»

 

 

A no mucho tardar, comenzaron a aparecer laboratorios industriales dedicados al Cibachrome, y así, los artistas y fotógrafos profesionales pudieron encargar sus propios trabajos allí.

Personalmente, seguí haciendo mis propios trabajos en mi laboratorio personal: conocía demasiado el material como para tragarme las diversas «milongas» que te contaban en ocasiones en algunos de esos laboratorios para justificar defectos tales como dominantes o blancos sucios.

 

– Has trabajado como docente de fotografía en la escuela EFTI y en la Facultad de Bellas Artes de la UCM ¿cómo ha sido para ti la relación con los alumnos?

Se trata de algo muy difícil de definir, pero podría comenzar matizando que había muchas diferencias entre el alumnado de EFTI, la escuela privada donde había comenzado a dar clases antes, y la Facultad de Bellas Artes de la UCM (BBAA), y en parte en eso radicaba la riqueza de las relaciones.

En EFTI, salvo los primeros años, en los que daba talleres (Polaroid, por ejemplo), el resto impartía clases en los Master en las modalidades de Creativo y Documental, al tiempo que en BBAA impartí clases de Foto Básica, Foto 2, Proyectos (los nombres variaban) e «Iluminación», una maravillosa troncal que se extendía a lo largo de todo un curso.

 

Valentín Sama impartiendo clases en la Escuela EFTI de Fotografía. Fotografía (c) EFTI

 

En EFTI los grupos eran de unas 12 personas, mientras que en BBAA llegaban a ser «entre pitos y Erasmus», hasta de 60 alumnos.
Pero en la Facultad, la experiencia era más…inmersiva, digamos. En mi caso, pasaba más tiempo con los alumnos a lo largo del curso, entrando y saliendo del laboratorio o del plató… y por otro lado, al estar el área de fotografía en el Anexo, junto con Escultura, Audiovisuales y Escenografía, te cruzabas con alumnos de otras disciplinas… muy enriquecedor. Pienso que BBAA goza de un «genius loci» muy especial…

 

Valentín con uno de sus grupos de alumnos en la Facultad de Bellas Artes de Madrid

 

 

Por otro lado en EFTI, a nivel organizativo y de medios, todo rodaba sin atascos y dado lo pequeño de los grupos resultaba más fácil establecer una relación o atención más directa.

Visto en retrospectiva, pienso que –sin ninguna duda– mi experiencia docente ha sido la actividad más enriquecedora de todas las que he realizado hasta ahora, y espero que algo de lo que yo haya aportado lo sea también.

 

«Mi experiencia docente ha sido la actividad más enriquecedora de todas las que he realizado hasta ahora, y espero que algo de lo que yo haya aportado lo sea también»

 

Todavía cuando voy de visita a BBAA o a EFTI más de una vez siento la emoción de oír por detrás a alguien que grita… ¡Valentín!
Es un alumno o alumna que ahora es ya «profe» y doctor.
Lo mismo ocurre cuando en RRSS ves –por ejemplo– personas a las que diste clase y que son profesionales que hacen fotografías mucho mejores de las que hacías tú mismo… ¿se puede pedir más?

 

– Comenzaste a escribir sobre fotografía en la revista Foto Profesional ¿qué tipo de artículos escribías y qué enfoque tenían?

Una noche, Eduardo Momeñe con quien por entonces tenía una cierta relación, me pidió que le acompañase a una fiesta nocturna que se celebraba en los jardines de Cecilio Rodríguez. No estoy seguro, pero es posible que se presentase un libro de Luis Carandell…

Pero el objetivo de la bienintencionada «encerrona» era presentarme a un tal Manuel López, y le recuerdo nítidamente, con un traje de chaqueta blanco o de tono muy claro. Era el director de la revista Foto –un hombre de gran carisma– y necesitaba alguien que se encargase de escribir artículos técnicos y sobre pruebas de producto.

El acuerdo se cerró allí mismo y colaboré con la revista durante aproximadamente cinco años como Editor Técnico, esto es, responsable de todos los contenidos relacionados con aparatos, películas, pruebas, etc.

Yo era un freelance y no disponía de despacho en la sede física de la revista. Aunque lógicamente coordinaba con el equipo de redacción, gozaba de una cierta libertad acerca de qué productos probar, y empleaba mis propios recursos –cámaras, ópticas, laboratorio, microscopios, etc.– para las pruebas.

 

– Fundaste la revista FV de fotografía en los años 80 ¿cómo era el funcionamiento de las revistas entonces y qué funciones tenías allí?

La revista FV la fundamos entre tres socios: Juan Manuel Varela, Alfonso del Bario y yo mismo. A ese efecto, entre los tres constituimos una Sociedad Anónima (S.A.). Ello significaba un grado de profesionalidad importante frente a otras revistas más amateur.

Es, igualmente, destacar, que se trataba de una revista mensual, y que ello implicaba –»sí o sí», como se dice ahora– estar en los quioscos en los tres primeros días de cada mes.
Se trata de un desafío que no tiene nada que ver con «revistas» impresas que se publican cuando se ha reunido tranquilamente material para cada numero, cada dos o tres meses, o incluso…¡una vez al año!
Publicar una revista impresa de periodicidad mensual era, en la época, una aventura cada mes de varios millones de pesetas de los de hace 40 años.

 

 

Valentin Sama. Especialista en Materiales Fotograficos, Docente y Fotografo. Foto: Berta Delgado. YanMag

«Publicar una revista impresa de periodicidad mensual era, en la época, una aventura cada mes de varios millones de pesetas de los de hace 40 años»

 

La semana anterior al llamado «cierre» del numero, era y sigue siendo épica para las revistas impresas con periodicidad fija, con el director/editor reclamando artículos a los redactores, fotolitos a los anunciantes, calculando pliegos de color y/o blanco y negro y presionando por encima del hombro a «maquetación».

De hecho, esos último días, a falta de Napalm para «oler a victoria», lo que había era «sonido a victoria» cuando las impresoras de agujas emitían su aullido característico mientras imprimían los artículos que los redactores íbamos a depositar triunfalmente –a tiempo– sobre la mesa del Director/ Editor.

Una vez revisados y firmados los «ferros» (una suerte de borrador impreso en B/N en un papel de baja calidad), «la cosa» iba a la imprenta y ya no había posibilidad alguna de corrección de erratas o de otro tipo en las decenas de miles de ejemplares tirados. ¡Igualito que en un medio web actual! (risas)

El compromiso por parte de todos los implicados era grande y yo he vivido el hecho de que –en caso de un retraso por parte nuestra– en la imprenta se trabajaba todo el fin se semana a fin de poder entregar la revista al distribuidor en el plazo fatídico.
Para los que han crecido directamente con los medios digitales, el mundo de las revistas impresas de los años 80 les tiene que resultar difícil de abarcar.

 

Valentin Sama. Especialista en Materiales Fotograficos, Docente y Fotografo. Foto: Berta Delgado. YanMag

«Para los que han crecido directamente con los medios digitales, el mundo de las revistas impresas de los años 80 les tiene que resultar difícil de abarcar»

 

 

Mis funciones allí eran las de «Editor Técnico», similares teóricamente a las de la etapa de Foto Profesional, pero con una implicación total y con unos medios técnicos envidiables, incluyendo un enorme plató totalmente equipado de cámaras técnicas y equipos de iluminación profesionales. También hacía todas las traducciones de los artículos alemanes que publicábamos con autorización de la revista «Color Foto», una de las mejores germanas de la época.

Al tiempo, a Juan Manuel Varela –inspirador del proyecto– se le habían asignado las tareas de Dirección, y a Alfonso del Barrio. –un crack de la informática y de otros temas– todo lo relacionado con materializar los contenidos en un producto capaz de ir a imprenta sin fallo alguno.

 

– ¿Qué aprendiste en esta etapa? ¿cómo ha sido tu ética del trabajo?

Aprendía un sinfín de cosas nuevas. Pero el aprendizaje ya había comenzado en la época de Foto Profesional. Para entregar mis primeros artículos allí, tuve que aprender –aunque mal– a escribir a máquina.
Primero con una tradicional de cinta textil entintada y luego –lujo de los lujos– con una Brother eléctrica que avanzaba en una pequeña pantalla LCD unos pocos caracteres antes de imprimirlos: ello suponía una astuta capacidad de «corrección» por anticipación.

En esa misma época de Foto Profesional, en 1986, cubrí para la revista mi primera Photokina, junto con Manuel López y Juan Manuel Varela, eso sí ¡pagando de mi propio bolsillo parte del viaje!

Ya en la etapa de FV aprendí, de la mano de Alfonso del Barrio a manejar ordenadores, procesadores de texto e incluso gestión de bases de datos entre otras habilidades. Para el resto del trabajo venía bien formado, pues para entonces ya gozaba de una gran experiencia como fotógrafo profesional.

Para la ética del trabajo, lo tuve muy fácil, pues en FV, desde un principio, el Director, Juan Manuel Varela me dio una gran libertad de trabajo, dejando muy claro que en ningún caso había que edulcorar resultados de prueba de producto alguna, fuesen o no de anunciantes.

 

 

«Para la ética del trabajo, lo tuve muy fácil (…) en ningún caso había que edulcorar resultados de prueba de producto alguna, fuesen o no de anunciantes»

 

Creo que en eso, en los mejores años de la revista, éramos un medio muy distinto. Recuerdo que en los varios lustros que trabajé en nuestra revista FV sólo recibí una llamada de felicitación de una firma y sí en cambio varias «molestas» por los resultados reflejados: todo un honor.

 

– Posteriormente fundaste la revista digital DSLR Magazine que acabó convirtiéndose en Albedo Media ¿qué quisiste cambiar en ellas con respecto a tu etapa en FV?

Entre los tres socios, y con la muy importante ayuda de colaboradores y personal auxiliar llevamos a la revista a un reconocimiento y éxito comercial notable en unos pocos años.

Bastante más tarde aparecieron organizaciones tales como la EISA y la TIPA, cuyo esquema fundamental es otorgar premios a Los mejores productos fotográficos del año. Las firmas recipientarias de esos galardones adquieren el derecho a usar los logos correspondientes –previo pago de un sustancioso canon económico– en sus campañas de comunicación y packaging. La revista FV se integró en la segunda organización, la TIPA, que este año pasado ha otorgado premios en… ¡40 categorías!

 

 

«Llevamos a la revista FV a un reconocimiento y éxito comercial notable en unos pocos años»

 

 

Siempre a mi modo de ver personal, tras esa incorporación a la TIPA, con el paso del tiempo el paradigma de la revista cambió de forma sustancial e irreversible. Como consecuencia, ello me hizo sentir cada vez más incómodo y decidí vender mi participación del 40% en la S.A. y abandonar la revista.

Para entonces, ya hacía unos años que tenía mi blog personal «Acerca de la Fotografía» (que sigue activo), y decidí crear «DSLR Magazine», un medio mucho más completo que el blog.

Tenía razonablemente claro que el futuro era de los medios digitales, y aprovechando que tocaba acudir a la feria Photokina (era entonces cada dos años), la cubrí en solitario ya para DSLR Magazine…y casi perezco en el esfuerzo por una pancreatitis, tras celebrar –conmigo mismo– un cierto éxito en una gestión de la mañana, por la noche, en una taberna germana.

Como puede imaginarse, el cambio fue radical: no había un mes (tres semanas) para planificar los contenidos; el «cierre» era cada hora, festivos incluidos.
Más adelante, creé una Sociedad Limitada –Albedo Media– para gestionar correctamente todo los relativo al medio online homónimo: el nombre de DSLR Magazine había quedado una tanto obsoleto.

 

 

«Tenía razonablemente claro que el futuro era de los medios digitales»

Valentin Sama. Especialista en Materiales Fotograficos, Docente y Fotografo. Foto: Berta Delgado. YanMag

 

«El cambio fue radical: el «cierre» era cada hora, festivos incluidos»

 

 

 

– Has recibido un homenaje de la ANEF por tu trayectoria como profesional como profesor en la materia ¿cómo te sentiste ese día?

¡Me sentí mucho más inquieto y nervioso que ante cualquier otra charla, clase o intervención personal realizada en años anteriores! Una cosa es hablar acerca de algo con lo que estoy muy familiarizado, esto es, aspectos técnicos, y otra muy diferente hacerlo acerca de uno mismo. Me daba miedo emocionarme, y conseguí evitarlo… ¡hasta la última imagen, en la que ya fallé!

A ello se sumó que disponía de un tiempo que para mí resultaba muy limitado y ciertos problemas del equipo de sonido. Todo el mundo me comentó que les había gustado mi presentación –¡qué me iban a decir!– pero se me quedaron muchas cosas «en el tintero», entre ellas algunos agradecimientos debidos…

Pero la realidad es que me sentí muy sinceramente arropado por el cariño de antiguos alumnos –algunos se desplazaron desde el extranjero–, profesores, Instituciones, directores de escuelas, personal laboral, firmas comerciales, etc.

 

Valentin Sama. Especialista en Materiales Fotograficos, Docente y Fotografo. Foto: Berta Delgado. YanMag

 

«Me sentí muy sinceramente arropado por el cariño de antiguos alumnos –algunos se desplazaron desde el extranjero–, profesores, Instituciones, directores de escuelas, personal laboral, firmas comerciales, etc»

 

 

 

– También has inaugurado una exposición en la Facultad de Bellas Artes de la UCM con tu trabajo fotográfico ¿cómo ha sido la acogida por parte del público?

La exposición fue un empeño de Manuel San Frutos, colaborador de DSLR Magazine en sus principios y Editor de Albedo Media en la actualidad.
El agradecimiento al esfuerzo de haber materializado esa exposición fue uno de los que se me «escurrió del micrófono» tal como he comentado más arriba.

En un tiempo récord de pocas semanas consiguió el apoyo de la Facultad de Bellas Artes (Vicedecanato de Cultura, Jefatura de Departamento, etc.) para conseguir algo «imposible»: un excelente espacio en un contexto en el que las salas están reservadas –todas– con uno o dos años de anticipación.

Además consiguió financiación para la producción de la obra, y personal para el montaje. Todo ello, con el apoyo de la ANEF, naturalmente, además de la colaboración gentil de laboratorios, productoras de vídeo, etc.

Creo que resultó ameno para el público, el hecho de exponer –además de las obras– aparatos fotográficos y de laboratorio con los que había creado algunas de las imágenes expuestas.

Personalmente, aunque abandoné hace años voluntariamente participar en exposiciones, salvo colectivas benéficas, puedo asegurar que la montada en BBAA ha sido la de maquetación más bella y mejor ejecución de la que he gozado jamás.
La acogida fue excelente, a pesar de que, debido a las dificultades de disponibilidad de espacios, estuvo colgada relativamente poco tiempo.

 

«Aunque abandoné hace años voluntariamente participar en exposiciones, salvo colectivas benéficas, puedo asegurar que la montada en BBAA ha sido la de maquetación más bella y mejor ejecución de la que he gozado jamás»

 

 

 

– ¿Qué consejo le darías a una persona que comienza en el mundo de la fotografía?

Siempre en términos humorísticos les diría: «exponer a f/16 al sol y a f/5,6 a la sombra» (para un tiempo de obturación de la inversa de la sensibilidad ISO de la película). Eso es clave. (Risas)

Ya más en serio, es preciso tomar decisiones no menos importantes: ¿quieres disfrutar de la fotografía o pretendes que sea la fuente de tus ingresos?

Sinceramente, es muy probable, aunque no imposible, que ambas cosas no sean al 100% compatibles…

En todo caso, formación, formación y formación. Y no sólo sobre fotografía: hay que ver mucho cine, leer muchos libros (no sólo de fotografía); recomendaría consultar la obra de fotógrafos clásicos y contemporáneos y sus biografías, algo que hoy en día, gracias a Internet es fácil y poco oneroso.

 

 

Valentin Sama. Especialista en Materiales Fotograficos, Docente y Fotografo. Foto: Berta Delgado. YanMag

 

«Hay que ver mucho cine, leer muchos libros (no sólo de fotografía); recomendaría consultar la obra de fotógrafos clásicos y contemporáneos y sus biografías»

 

 

Ver muchas exposiciones y aprender a separar el valor de la obra del correspondiente al montaje de la misma siempre evaluando las sinergias posibles; aprender a separar el grano de la paja.
También le recomendaría que, además de entrar inevitablemente en lo digital, –si le resulta posible– aprenda a fotografiar con material fotoquímico (analógico o fílmico), con una cámara clásica mecánica, sin exposímetro.

 

– ¿Cuáles han sido tus referentes en el mundo profesional? ¿y tus compañeros de viaje?

Me he inspirado en multitud de autores a lo largo de mi vida fotográfica, en la que no está tan separada la faceta personal y la profesional.

En lo relativo a paisajes en color Stephen Shore, y siempre admiré a Ansel Adams, pero no como pueda pensarse por sus clásicos paisajes en blanco y negro (que también…) sino por su mucho menos conocido trabajo comercial y la cobertura del campo de concentración para japoneses de Manzanar: ahí deslumbra la honradez y empatía de ese gran fotógrafo.

Pero de entre todas las profesionales, mi favorita fue siempre Margaret Bourke-White: primera fotógrafa occidental autorizada a fotografiar dentro de la Unión Soviética, primera en trabajar para la revista Life, primera corresponsal de guerra autorizada a fotografiar en zonas de combate en la Segunda Guerra Mundial…

La calidad y composición de sus fotografías «pincha» tanto como el alambre de espinos en su fotografía sobre los prisioneros en un campo de exterminio nazi, cuando la fotógrafa marchaba junto con las primeras avanzadillas aliadas.

Soy de la opinión –y creo no ser el único– de que el acto de fotografiar es algo eminentemente solitario.
Sin embargo, desde nuestro primer encuentro en una Jornadas Fotográficas Universitarias hace ya medio siglo, he compartido muchas vivencias fotográficas y humanas con el fotógrafo Rafael Roa.

 

 

– ¿Qué proyectos te gustaría realizar?

En este momento, mi gran proyecto es hacer las paces conmigo mismo y con aquellos que me han acompañado hasta aquí. Estoy planteándome escribir algo…podría ser un libro. Quizá, a través de esta entrevista, me hayas regalado generosamente un guión para el mismo…

 

 

 

Valentin Sama. Especialista en Materiales Fotograficos, Docente y Fotografo. Foto: Berta Delgado. YanMag

«En este momento, mi gran proyecto es hacer las paces conmigo mismo y con aquellos que me han acompañado hasta aquí»

 

 

– Un deseo que te gustaría se hiciera realidad

Que se crease un auténtico gran Centro Nacional de Fotografía. Soy consciente de que existen algunos centros, muy respetables, a nivel provincial, pero creo que se me entiende que hablo de…»otra cosa».

Un gran Centro, con diversas salas de exposiciones y bibliotecas con un museo que incluyese cámaras y otros artefactos fotográficos del «arte y oficio» de la fotografía, así como una colección de obra de autores clásicos y actuales.

Para ello, para su creación y sostenimiento, harían falta fondos culturales y generosidad política. No lo veré yo, ni probablemente nadie, en muchas generaciones, ya que esos dos ingredientes principales no se dan en este momento en nuestro país, convertido –en mi opinión– en un reino de taifas.

 

 

 

«Me gustaría que se crease un auténtico gran Centro Nacional de Fotografía»

Valentin Sama. Especialista en Materiales Fotograficos, Docente y Fotografo. Foto: Berta Delgado. YanMag

«Un gran Centro, con diversas salas de exposiciones y bibliotecas con un museo que incluyese cámaras y otros artefactos fotográficos del «arte y oficio» de la fotografía, así como una colección de obra de autores clásicos y actuales»

 

 

 

 

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2 comments

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  • jose manuel serrano esparza

    Muchas gracias de corazón, Berta Delgado, por regalarnos esta soberbia entrevista con Valentín Sama, uno de los más importantes referentes fotográficos a nivel internacional desde principios de los años ochenta, y con diferencia, el más influyente e importante probador de cámaras, objetivos y accesorios fotográficos de España, con más de cuatro mil artículos publicados hasta la fecha sobre temas fotográficos de la más variada índole.

    Una entrevista sabiamente aderezada con unos excelentes retratos en color en los que a mi modesto entender has sabido captar magistralmente rasgos definitorios de la personalidad del maestro de maestros, incluyendo cierto grado de timidez innata, así como su atávica elegancia y saber estar.

    Has puesto en ésto, Berta, mucho amor, cariño, admiración por Valentín y pasión por la fotografía, además de un más que notable nivel de esfuerzo personal, ya que evidentemente el personaje lo merecía, porque tal y como dijo Manuel San Frutos el día de la presentación de la Exposición Homenaje a Valentín Sama en la Facultad de Bellas Artes de Madrid el 29 de mayo de 2019, Valentín es un tesoro que hemos de preservar hasta que llegue el momento en que ya no esté.

    Manuel San Frutos, uno de los más importantes beta testers de producto de España en el ámbito de cámaras digitales, objetivos, accesorios y muchas más cosas, fue con diferencia el principal artífice de dicho homenaje a Valentín Sama (tanto con respecto a la mencionada exhibición propiamente dicha en la Facultad de Bellas Artes como en la conferencia impartida por Valentín en el Salón de Actos), preparando meticulosamente, con meses de antelación, todos y cada uno de los detalles que jalonaron esas inolvidables jornadas : coordinación previa de los eventos contactando con las personas invitadas y firmas patrocinadoras, ubicación de las cámaras, objetivos, libros, etc, de Valentín, de distintas épocas, dentro de vitrinas en el interior de la Sala La Trasera, colocación en sus paredes de las fabulosas fotografías con Cibachrome de Valentín en gran tamaño, así como los soberbios retratos de Rafael Roa, realización del video en el que se mostraban muchos de los hitos editoriales de Valentín y revistas de fotografía especializadas, que los visitantes podían visualizar en una pantalla LCD cómodamente sentados en un sillón,apoyo a Valentín explicando cosas que preguntaban los asistentes en distintas zonas de la sala, etc.

    Un trabajo ímprobo por parte de Manuel San Frutos, que tuvo su recompensa en forma de inolvidable momentos y anécdotas para todos los que pudimos asistir en directo a aquellas jornadas de homenaje ciertamente mágicas, repletas de inefables anécdotas, y que contaron incluso con la presencia de varias personas que viajaron desde distintos países.
    Y ahora, Berta, varios meses después, tu esfuerzo, profesionalidad y cariño con esta muy entrañable e interesante entrevista, en simbiosis con tus maravillosas fotos, se ha convertido ya por méritos propios en otro homenaje más a esta figura irrepetible de la fotografía, la óptica y el humanismo, además de catalizador de vocaciones fotográficas durante más de cuarenta años, a la que sin duda echaremos de menos cuando ya no esté.

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