Jesús Gómez – Artista

Entrevista y Fotografías Berta Delgado

«Siento la memoria como algo frágil y valioso que hay que conservar a toda costa.»

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Jesús Gómez nació en Madrid en 1987 y creció en Valencia, donde la luz, el ritmo y la atmósfera del Mediterráneo dejaron una huella imborrable en él. En 2009 se trasladó a Alemania, donde nuevas experiencias y perspectivas comenzaron a moldear su trayectoria artística.

Su obra transita libremente entre diferentes medios: desde la fotografía analógica hasta el vídeo, pasando por objetos e instalaciones. Lo que une todo es su curiosidad por las personas, la sociedad y la identidad. A través de una mezcla de autorreflexión, ironía, humor y, a veces, un toque de amargura, Jesús explora el significado de ser humano, abordando temas como la resiliencia, la aceptación y la esperanza.

Cada uno de sus proyectos es una invitación a mirar más allá, a confrontar la incomodidad y a descubrir algo honesto y emotivo en el camino.

– Naciste en Madrid, te criaste en Valencia y vives en Alemania desde el año 2009. ¿Cómo ha sido para ti vivir en estos tres lugares y de qué manera han influenciado tu obra?

Cuando tu familia migra durante tu infancia, te identificas por partes con algo de cada región, pero no hay un arraigo verdadero a ningún lugar. Además, el tamaño del núcleo familiar se reduce mucho en estas circunstancias, ya que el resto de la familia está desperdigada por el país y con el paso de los años se pierde el contacto. Eso te hace ser consciente de que tu red familiar es muy pequeña y los apoyos muy escasos. Entiendes, de alguna manera, que estarás solo en el momento en que tus padres no estén.

Recuerdo cómo algunos amigos de familia valenciana se reunían en grupos enormes los domingos para comer la paella en casa de los abuelos. Aquello era para mí una especie de ritual familiar ajeno que observaba con una mezcla de curiosidad y admiración.

Sin embargo, esa falta de arraigo y la sensación de orfandad cultural facilita mucho la decisión de emigrar o desvincularse de un lugar. Es como moverte con un equipaje muy ligero que puedes dejar en cualquier lugar. Recuerdo no entender la añoranza de otros migrantes en mi situación —joven, sin hijos en su país de origen— cuando llegué a Alemania. Me costaba mucho, y aún me cuesta, empatizar con la tristeza de estar lejos del lugar en el que uno ha crecido. A mí me llenaba de alegría aprender a moverme en un sitio nuevo.

Reisfeld am Abend (Arrozal al atardecer) – Jesús Gómez

Work in progress de Reisfeld am Abend (Arrozal al atardecer) de Jesús Gómez

Con el tiempo entendí que mis padres nunca se sintieron en casa en Valencia. No se habían sentido aceptados y eso provocó que no hicieran grandes esfuerzos por adaptarse. Habían estado esperando el momento en que el trabajo —o la ausencia del mismo— les permitiera volver a vivir en Salamanca, donde por fin estarían cómodos. Me transmitieron esa sensación de estar de paso, lo que marcó mi desarrollo y fomentó ese desapego que tan útil me fue después para emigrar. En la obra Reisfeld am Abend (Arrozal al atardecer) *, por ejemplo, juego con los símbolos que para mí representan la exageración folclórica y el intento fallido de adaptación a Valencia por parte de mi familia. Ese mismo tinte irónico y autocrítico está presente en casi toda mi obra, pero no siempre lo encauzo de una forma tan explícitamente personal.

«Esa falta de arraigo y la sensación de orfandad cultural facilita mucho la decisión de emigrar o desvincularse de un lugar.»

Foto (C) Berta Delgado

«Me costaba mucho, y aún me cuesta, empatizar con la tristeza de estar lejos del lugar en el que uno ha crecido. A mí me llenaba de alegría aprender a moverme en un sitio nuevo.»

– ¿En qué momento comenzaste a interesarte por el arte?

Llegué al arte de manera indirecta y accidentada. Crecí en ese entorno social en el que lo importante era estudiar algo y tener un trabajo. La cultura no era una afición, sino un medio para conseguir un sustento. El arte parecía algo reservado a instituciones como el Prado o el Louvre, algo muy lejano para una persona de barrio. El arte contemporáneo, por otra parte, eran supuestas locuras de gente millonaria y extravagante.

A pesar de esto, sentía mucha curiosidad por la historia del arte. Siendo adolescente, si pasaba por Madrid, aprovechaba cada oportunidad para ir al Prado. Solía ir directamente hasta El Jardín de las Delicias del Bosco. Veía en aquella obra subversiva la confirmación de que no todo el arte tenía que ser tan elitista.

De chaval me sentía muy identificado con la cultura hip-hop: fuera de lugar, sediento de novedades y ampliamente rechazado en los círculos elitistas. En aquella época el hip-hop estaba lejos de estar a la moda. Ahí tomé contacto con gente parecida a mí que se atrevía con deportes diferentes al fútbol y que creía en formas de expresión alternativas.

Después de probar en diferentes áreas creativas, y con la emigración tras de mí, acabé interesándome profundamente por la fotografía analógica. El equipamiento y los materiales en Alemania eran bastante asequibles en comparación con España y había una cultura de fotografía analógica muy sólida. Llegué a dedicarme a ella de manera obsesiva. Lo analógico, lo palpable, ofrecía muchas posibilidades y yo quería experimentarlas todas.

Fotografías analógicas de la serie I Hope We are wrong de Jesús Gomez

La fotografía era el puente perfecto entre la persona sin formación artística y el arte. Un fotógrafo no es automáticamente un artista, y la fotografía está mucho más legitimada como actividad comercial o profesional. Además, es más fácil explicarle a alguien por qué quieres dedicarte a ella que justificar por qué haces performance o instalaciones de arte conceptual. Así evitaba traspasar esa barrera psicológica brutal que impide a tanta gente definirse como artista.

Muy pronto, las temáticas y el trabajo en series dejaban claro que me acercaba más al trabajo artístico que a cualquier otro género. Además, el puro medio fotográfico se quedaba técnicamente corto para el tipo de trabajo conceptual al que aspiraba y me obligaba a trabajar con otros medios. Aun así, durante mucho tiempo, dudaba al explicar que me dedico al arte. Supongo que me daba vergüenza, o que no acababa de creérmelo.

Fue definitivamente gracias al entorno cultural de Hannover —cuyo panorama artístico considero muy permeable y tolerante— y gracias a amigos artistas que me apoyaron y creyeron en mí —la pintora Pepa Salas Vilar tuvo aquí un papel decisivo— que pude aceptarme como artista.

«Después de probar en diferentes áreas creativas, y con la emigración tras de mí, acabé interesándome profundamente por la fotografía analógica»

Foto (C) Berta Delgado

«La fotografía era el puente perfecto entre la persona sin formación artística y el arte. Un fotógrafo no es automáticamente un artista, y la fotografía está mucho más legitimada como actividad comercial o profesional.»

– Trabajas con diferentes disciplinas, desde la fotografía analógica, pasando por la instalación, el vídeo y la creación de objetos. ¿Qué motiva que trabajes en una u otra para cada obra y cómo es tu proceso creativo?

Durante un tiempo temí a la multidisciplinariedad y fui muy purista, dedicándome únicamente a la fotografía. En ocasiones rechazaba o modificaba una idea original al no ser capaz de transmitirla con un medio únicamente fotográfico. Eso me causaba frustración. Sentía que no era correcto. En algún momento entendí que el propósito de la obra debía prevalecer sobre el medio, y que, si la fotografía clásica no satisfacía ese objetivo plenamente, habría que optar por una alternativa. Este cambio lo potenciaron series en las que los objetos o estructuras creadas para ser fotografiadas terminaban por tener más relevancia que la fotografía misma. El trabajo Sollbruchstellenverursacher** (Creador de puntos de ruptura predeterminados) marcó un punto de inflexión. Pasé un par de años trabajando en una estructura con cáscaras de huevo que debía transmitir unos efectos concretos a la fotografía. Cuando el objeto estuvo terminado, transmitía la ironía de la obra con mucha más fuerza que las polaroids que resultaron de ella.

Fotografías Polaroid del proyecto Sollbruchstellenverursacher (Creador de puntos de ruptura predeterminados) – Jesús Gómez

How White is this? (¿Cómo de Blanco es esto?) *** – Jesús Gómez
Proceso de trabajo de Sollbruchstellenverursacher (Creador de puntos de ruptura predeterminados) – Jesús Gómez

A partir de ahí me di permiso para usar la cámara sólo para una parte del proceso o dejarla descansar hasta el siguiente proyecto en el que fuera necesaria.

Mi proceso creativo es simple: en algún momento llega una idea a la cabeza, un detonante. Al principio suele ser informe, confuso, no tiene cuerpo. Si la idea es suficientemente fuerte, sigue horadando algo en mi mente, genera una ansiedad. Normalmente se va plasmando en notas, bocetos en papel… En ese transcurso va definiéndose cuál va a ser el medio que mejor transmita la naturaleza de ese trabajo. Si la idea es caprichosa, y suelen serlo, me tocará primero investigar y experimentar con materiales y formatos, cometiendo un error tras otro antes de dar con la fórmula adecuada. En ocasiones salgo del taller con un portazo y paso el día pensando en cuál puede ser la solución. Puedo pasarme días haciendo pruebas o descartando alternativas. Y, a veces, justo antes de dormirme, en la ducha o patinando, se me ocurre una solución tan improbable como obvia. Si esta “iluminación” llega en la cama, paso la noche acelerado, pensando en cómo ponerla en práctica. Cuando llego al taller y me pongo a ello no hay horarios: se trabaja hasta que el cuerpo aguante, o hasta que vuelva a topar con un problema imposible.

Una vez terminada la obra, mi mente descansa primero y se aburre después, buscando el próximo reto.

«Mi proceso creativo es simple: en algún momento llega una idea a la cabeza, un detonante. Al principio suele ser informe, confuso, no tiene cuerpo. Si la idea es suficientemente fuerte, sigue horadando algo en mi mente, genera una ansiedad.»

Jesus Gomez - Artista. Foto Berta Delgado. YANMAG
Foto (C) Berta Delgado

«A veces, justo antes de dormirme, en la ducha o patinando, se me ocurre una solución tan improbable como obvia. Si esta “iluminación” llega en la cama, paso la noche acelerado, pensando en cómo ponerla en práctica. Cuando llego al taller y me pongo a ello no hay horarios: se trabaja hasta que el cuerpo aguante, o hasta que vuelva a topar con un problema imposible.»

– Describes tu trabajo como autorreferencial, pero también con interés en la sociedad y en la identidad como temas principales. ¿Qué reflejan estas obras sobre ti y tu posición en el mundo?

Creo que somos muchos los artistas a los que nos indignan situaciones sociales a diario, pero que las abordamos desde un punto de vista más personal que público. Primero tengo que averiguar qué genera en mí este problema, este suceso o esta injusticia, para devolverlo al exterior filtrado según mi insignificante punto de vista, que es, paradójicamente, el único que importa mientras observes mi obra. Es como la charla de barra de bar en la que tú y yo arreglamos el mundo: en ese momento y en ese lugar solo importan tu opinión y la mía. Quizás no solucionemos nada, y volverás a tu casa aliviado o aún más encabronado, pero no indiferente. Lo importante es que esa charla tiene lugar con cada persona que se ponga en frente la obra, una y otra vez. No sé si se irán de la sala aliviados o no, pero habré logrado mi objetivo si no quedan indiferentes. Esa es mi pequeña aportación al mundo.

La identidad, por otra parte, es algo apasionante: subjetiva, maleable, confusa, peligrosa… Usamos la identidad para no sentirnos solos, para pertenecer a un grupo, pero también para machacar al otro, como un arma que cambia de manos. Hay muchísimo que explorar en torno a la identidad. Y mientras diseccionamos el concepto de identidad y sus cualidades creadoras y destructivas, avanzamos por la vida intentando encontrar la nuestra, y probablemente no encontrándola nunca. Estamos destinados al fracaso identitario, y eso me parece fantástico.

«Primero tengo que averiguar qué genera en mí este problema, este suceso o esta injusticia, para devolverlo al exterior filtrado según mi insignificante punto de vista, que es, paradójicamente, el único que importa mientras observes mi obra.»

Jesus Gomez - Artista. Foto Berta Delgado. YANMAG
Foto (C) Berta Delgado

«No sé si se irán de la sala aliviados o no, pero habré logrado mi objetivo si no quedan indiferentes. Esa es mi pequeña aportación al mundo.»

– El humor y la ironía (con un toque de amargura a veces) están muy presentes en tu trabajo. ¿Qué es lo que provoca esa mirada en tu manera de crear?

Pienso que esto tiene que ver directamente con mi personalidad. Soy muy quejica, me enfado muy rápido y lo critico todo. También a mí mismo. Utilizo ese descontento para intentar cambiar las cosas que no me gustan de mí o del entorno. La ironía y la burla son un motor para mover todo esto de una forma menos dolorosa. Nos hacemos mayores y aprendemos que la rabia irracional no conduce a nada bueno, pero un toque de ironía y humor, sí, y puede hacernos la existencia más llevadera. Admiro a artistas como el cantante Nacho Vegas que, sin perder el tono crítico y la esperanza, saben explicar a la perfección que el mundo es terrible y que la vida duele.

– En este momento incorporas a tu trabajo fotografías encontradas en mercadillos y casas antiguas que están vaciando. ¿Cómo es para ti trabajar con imágenes de personas desconocidas y de qué forma las integras en tu obra?

Hay algo absolutamente fascinante en torno al acceso a los recuerdos de otras personas. Siento la memoria como algo frágil y valioso que hay que conservar a toda costa. Me sucede especialmente cuando encuentro archivos fotográficos que ni siquiera la persona que usó la cámara pudo ver antes de fallecer. Llevo muchos años coleccionando cámaras y, a veces, cuando el aparato llega a mí, encuentro un carrete dentro a medio acabar. Ahí dentro está la obra nunca terminada de una persona. En otras ocasiones, las cámaras llegan a mí con un arsenal de álbumes, de negativos o de carretes sin revelar. Cuando encuentro esa memoria huérfana me da un vuelco el corazón. Me siento responsable de conservar esos recuerdos, como si le debiera algo a quien fue plasmando su día a día en fotografías tal y como lo hago yo hoy.

«Hay algo absolutamente fascinante en torno al acceso a los recuerdos de otras personas. Siento la memoria como algo frágil y valioso que hay que conservar a toda costa.»

Jesus Gomez - Artista. Foto Berta Delgado. YANMAG
Foto (C) Berta Delgado

«Me siento responsable de conservar esos recuerdos, como si le debiera algo a quien fue plasmando su día a día en fotografías tal y como lo hago yo hoy.»

Muchas veces, esos carretes se han echado a perder con el paso del tiempo, y las vivencias desaparecen para siempre. Otras veces, aún se ven, quizás deterioradas, las imágenes: una casa recién comprada, unas vacaciones en Canarias, el estreno de un abrigo nuevo, un viaje a París o una excursión a la nieve. Son momentos cotidianos en una época en la que cada fotografía era cara y el número de imágenes muy limitado. Aquellas personas decidieron que ese instante, y no otro, era especial, y te hacen partícipe de su ilusión.

En la serie Ausencias uso algunas de esas fotografías como punto de partida para contar una historia en la que nos falta algún personaje. Son recuerdos ficticios, alterados, como los recuerdos de infancia donde se magnifican o se omiten detalles. Y en esos recuerdos hay una parte de pérdida, de añoranza. Lo que falta, lo que no podemos ver, se hace de repente más relevante que aquello que está presente.

Serie Ausencias – Jesús Gómez

– Tu obra se ha presentado principalmente en Alemania, en galerías privadas y salas de exposiciones estatales ¿Qué acogida ha tenido tu trabajo y cómo son los coleccionistas que adquieren tu obra?

Las reacciones hacia mi obra son muy variadas. Mi trabajo prioriza la carga conceptual frente a una lectura puramente estética y requiere algo de tiempo para averiguar qué se esconde tras la primera impresión. El espectador no siempre cuenta con el tiempo y la energía para dedicarse a ella más a fondo. Hay un perfil de coleccionista muy concreto que sí busca la historia detrás de la obra, y que precisamente se interesa por trabajos algo más desafiantes, por el conflicto. Me gusta que la gente pueda ponerse delante de una obra mía y discutir sobre lo increíblemente absurda o acertada que es, que no se pongan de acuerdo y que, sin embargo, tengan razón a partes iguales. Creo que esto forma parte del juego.

«Mi trabajo prioriza la carga conceptual frente a una lectura puramente estética y requiere algo de tiempo para averiguar qué se esconde tras la primera impresión.»

Foto (C) Berta Delgado

«Me gusta que la gente pueda ponerse delante de una obra mía y discutir sobre lo increíblemente absurda o acertada que es, que no se pongan de acuerdo y que, sin embargo, tengan razón a partes iguales.»

– En el estudio-galería que compartes en Hannover con la artista Katrin Hamann, realizáis convocatorias internacionales para artistas. ¿Cómo surgió la idea de ser gestores culturales y cómo la desarrolláis?

Tanto Katrin como yo teníamos otros talleres anteriormente y una cosa en común: creíamos en la necesidad de divulgación del arte, en la importancia de la colaboración entre artistas y agentes culturales y en la autopromoción de nuestro trabajo. Cada uno de nosotros organizaba exposiciones en sus respectivos talleres a las que invitaban a participar a otros artistas. Hannover es una ciudad relativamente grande, pero en el nicho artístico todo el mundo se conoce. Yo había expuesto en su taller y ella en el mío.

Katrin, que destaca por su empuje y energía, quería llevar esta idea algo más lejos y consiguió para este propósito un edificio fantástico que empezó a reformar de su propia mano. Así fundó Hannover Art Connecting. Su idea era usarlo como sala de proyectos y como taller para otro artista y para sí misma. Yo me incorporé algo después a este proyecto y mudé mi taller ahí.

Organizamos unos 4-5 eventos al año. Unas veces, los artistas nos proponen proyectos de exposición por iniciativa propia y otras veces abrimos convocatorias o invitamos a participantes. Esto comenzó en 2024 y ha tenido muy buena acogida. Nos llena de alegría ver cómo se enriquece nuestro entorno e incluso nuestro propio trabajo con las colaboraciones de otros artistas, y cómo el vecindario y los visitantes reaccionan tan positivamente a las exposiciones que organizamos.

Esto es una fiesta! – Jesús Gómez.

Work in progress de la obra Esto es una fiesta! en el estudio – Jesús Gómez

– ¿Cómo es tu vida en Alemania?

Vivas donde vivas, los golpes duelen igual, las facturas hay que pagarlas, un mal café te arruina el día y una palabra amable puede arreglártelo. Lo que marca una diferencia son los códigos: el manual de instrucciones para moverte en sociedad. Uno aprende a vivir en el lugar en el que se hace adulto. Hay aspectos de la vida cotidiana que ya no sabría manejar en España, o comportamientos culturales que para mí son normales y que aquí podrían resultar incómodos.

«Lo que marca una diferencia son los códigos: el manual de instrucciones para moverte en sociedad.»

Foto (C) Berta Delgado

«Uno aprende a vivir en el lugar en el que se hace adulto.»

– ¿Dónde diriges tus próximos pasos y qué proyectos estás realizando?

En este momento estoy desarrollando la serie de cianotipos intervenidos que mencioné anteriormente, Ausencias. Al comenzar con ella, pensé que sería una serie relativamente corta, rápida, pero la experimentación y los accidentes afortunados están contribuyendo a que este trabajo siga creciendo, madurando, y vaya poco a poco tomando el timón del trabajo como si tuviese voluntad propia.

Making of Ausencias – Jesús Gómez

Sí puedo decir con absoluta seguridad que echo de menos fotografiar más, y que quiero volver al trabajo de estudio y de revelado pronto. Los últimos tres años han sido bastante turbulentos – con muchas cosas buenas y muchas cosas malas sumadas a la mudanza del taller – y, para navegarlos, he tenido que centrar mi trabajo en los proyectos que están en marcha. Siempre llevo una cámara encima que no dudo en usar, y tengo un archivo enorme de fotografía de calle (género que defiendo desde mis inicios) que crece cada año y que algún día tendrá que salir a la luz, pero añoro la fotografía poética y conceptual cada día que pasa.

Jesús Gómez en su estudio

– Un deseo que te gustaría se hiciera realidad.

Me apetece mucho que no se repita la historia. Me daría mucha pereza volver a la época medieval o a los años 30. No sé, me viene mal ahora mismo. Si tienes por ahí un genio que conceda deseos, me harías un gran favor si le pasas el mensaje.

Foto (C) Berta Delgado

«Me apetece mucho que no se repita la historia.»


Notas a pie de página

*

Reisfeld am Abend (Campo de arroz al atardecer)

2023 · 100 × 100 cm · Marco realizado con bastidores reciclados

Acrílico, tela y agujas sobre madera

Reisfeld am Abend conecta la historia de la migración familiar con recuerdos de infancia y elementos de la cultura valenciana. A través del uso de telas tradicionales valencianas transformadas en alfileteros, la obra reflexiona sobre las nociones de valor, abundancia, memoria y reutilización en contextos domésticos modestos. Los alfileteros, elaborados tanto con tejidos típicos de indumentaria fallera como con retales procedentes del entorno familiar del artista, dialogan con una representación abstracta de un campo de arroz bajo un cielo rojizo al atardecer, evocando el paisaje agrícola profundamente ligado a la identidad valenciana.

**

Sollbruchstellenverursacher (Creador de puntos de ruptura predeterminados)

2023 · 131 × 131 cm · Cáscaras de huevo y acrílico sobre madera

Esta obra explora cómo la migración “fractura” las estructuras sociales, generando al mismo tiempo nuevas perspectivas, paisajes culturales y formas de convivencia. Inspirada en “Eierschalensollbruchstellenverursacher”, un utensilio de origen alemán para cortar con precisión la punta de los huevos cocidos y cuyo nombre resulta casi impronunciable para muchos extranjeros, la pieza utiliza estereotipos entre alemanes y personas migrantes como punto de partida para reflexionar sobre el impacto de la migración en la sociedad contemporánea. La pintura sirve además como base conceptual para la serie fotográfica relacionada Bruchstellen.

***

How White is this? (¿Cómo de Blanco es esto?)

2024 · 131 x 131 cm · Acrílico y cáscaras de huevo sobre madera

La obra How White is this? aborda la ambigüedad y la subjetividad de las definiciones étnicas basadas en la nacionalidad.

El contexto cultural en el que se formó el artista reconoce a la población española como predominantemente blanca, a pesar de la historia multiétnica del país y sus diferencias físicas con otras poblaciones europeas.

Esta designación implica una declaración de nacionalidad y estatus social —europeo frente a no europeo— más que una cuestión de color o etnia. Implica, según la intención de quien la pronuncia, un distanciamiento de las personas de países limítrofes con España o de países hispanohablantes, con los que la población española comparte origen.

How White is this? es un recordatorio sutil de estos rasgos comunes y una invitación a reflexionar sobre la identidad.


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